El liderazgo tiene, desde la perspectiva de sobre quién se ejerce, 4 niveles: liderazgo de uno mismo, liderazgo de otras personas, liderazgo de un equipo y liderazgo de una organización. El primer nivel es el autoliderazgo, y debería efectivamente trabajarse en primer lugar, porque, al fin y al cabo, ¿si uno no es capaz de liderarse a sí mismo, cómo puede aspirar a liderar a otros?

Con este post arranca una serie que irá desmenuzando cómo podemos trabajar el liderazgo de nosotros mismos. La base o referencia a menudo será el libro que escribí en 2007 “Los 15 círculos del autoliderazgo” (ver detalles en el apartado de bibliografía del blog).

Pero en primer lugar hay que entender el porqué de la importancia de autoliderarse. El liderazgo es un tema consustancial al ser humano; desde que los primeros humanos empezaron a seguir a aquellos que tenían ideas que conseguían mejorar la seguridad y las vidas de un colectivo, la historia de nuestra especie ha estado marcada por líderes que, en positivo o en negativo, han cambiado el status quo de las cosas y han guiado a las personas hacia un futuro distinto.

Hoy en día, el liderazgo sigue siendo esencial: políticos, empresarios y gestores lideran nuestras instituciones, empresas y organizaciones de todo tipo, y el impacto de ellos en nuestras vidas es enorme. No obstante, el entorno en el que se ejerce este liderazgo actual es extremadamente complejo, cambiante e incierto, lo que dificulta mucho liderar. Y, lo cierto, es que la sensación que tenemos es que hay un catastrófico déficit de buenos líderes.

La pregunta sería cómo, a pesar de la importancia, dificultad y falta de liderazgo actual, nadie se preocupa de que nos eduquemos y formemos en esta vital disciplina. Muy pocas escuelas o universidades se toman en serio la formación en liderazgo, en todo caso hacen algún tipo de referencia teórica al mismo, nunca lo practican, que es la única forma real de aprender.

Por todo ello, es absolutamente necesario que cualquier persona que pretenda convertirse en un buen líder, empiece por entrenar; es como un atleta: si uno quiere llegar a competir a alto nivel sabe que tiene que entrenar, entrenar y entrenar. Pues lo mismo con el liderazgo. Y esta serie de posts justamente irá proponiendo temas y ejercicios para entrenar y practicar.