Empezamos, pues, el plan de entrenamiento para intentar mejorar como líderes. Como decíamos al final del primer post de esta serie, liderar es posible para casi todas las personas. De hecho, todos poseemos un potencial de liderazgo que ejercemos y desarrollamos más o menos, en cualquier ámbito (familiar, profesional, social…). La cuestión es entender cómo podemos hacer florecer y desarrollar al máximo este potencial.

Para liderar hay que empezar por tener 3 cosas: querer, saber qué y cómo, y poder. Es decir, tener claro que liderar nos interesa y nos apasiona; hay personas que son grandes técnicos y que pueden ser profundamente infelices si se les aparta del trabajo técnico y se les pone a gestionar personas; a menudo se encuentran personas que dicen querer liderar porque entienden que promocionar y conseguir más estatus y dinero comporta el liderazgo, pero en realidad si fueran sinceras consigo mismas reconocerían que liderar no es lo que desean, y por eso es importante que las organizaciones tengan una doble escala salarial que permita a personas de este perfil promocionar sin que ello signifique obligatoriamente liderar a otros; un caso muy claro son los vendedores: casi todo lo que les hace mejores es contrario al liderazgo (suelen ser muy autónomos e independientes -¿individualistas?-, tienen la necesidad de estar “en la calle”, sin horarios demasiado fijos, organizándose a su manera, relacionándose con muchos clientes… y todo ello puede cambiar drásticamente si se convierten en jefes de equipo para liderar a otros).

Pero sentir una verdadera vocación para liderar (querer) no es suficiente. Hay que entender la verdadera naturaleza del liderazgo: que es un sacrificio y una responsabilidad, que va de servir y facilitar a los demás su trabajo y desarrollarles, que requiere mucha dedicación con interés sincero a las personas… y muchas otras cosas a lo que demasiadas veces se entiende que va asociado al liderazgo (poder, influencia, privilegios, dinero…). Es decir, saber qué es el liderazgo, y cómo se ejerce: entender los hábitos y comportamientos del buen liderazgo, que de nuevo distan mucho de lo que vemos en demasiados supuestos líderes políticos y empresariales. Y, además de todo esto, finalmente hay que poder, es decir, contar con el entorno y la confianza de quien se requiera para poder ejercer este liderazgo.

A partir de aquí, si se dan todas estas condiciones, en el modelo LIDER que hemos explicado en otras series de posts en el blog, hay una serie de ejercicios de entrenamiento que un líder debería practicar. Al fin y al cabo, no se puede ser un atleta olímpico sin entrenar durísimo y constantemente; sin embargo, los líderes sólo compiten día a día, sin dedicar tiempo al entrenamiento, y luego se quejan de que su impacto no es el que deseaban.

En los siguientes posts vamos a ir desgranando este plan de entrenamiento que puede ayudar a un líder a convertirse en una mejor versión de sí mismo.