R - Regenerar

Mi país ideal (iv) “feina ben feta”

En la serie de entradas “mi país ideal” iba a hablar de otro tema, pero se me ha cruzado algo que no tiene desperdicio y que he de comentar. He usado la frase tan catalana (y de un anuncio muy de moda ahora de una cerveza que recupera un eslogan afortunado de años atrás) porque está muy relacionado con la forma en que hacemos las cosas en nuestro entorno. El tema nace con el Estudio de Competitividad Global que lleva a cabo el World Economic Forum.

Desde hace ya unos años, el Foro Economico de Davos realiza probablemente el mejor y más completo estudio de competitividad global en el que mide más de 100 variables o factores de competitividad de más de130 países del mundo. Recientemente se publicó el estudio 2009-2010, y me parece relevante comentarlo tras haberlo analizado con cierto detalle.

España aparece en el ranking general en el puesto 33, habiendo perdido 3 posiciones respecto al estudio anterior (2008-2009). Esto sólo ya choca, puesto que por tamaño del mercado España es una de las 10 ó 12 primeras economías mundiales. Pero no es nada comparado con lo que se aprecia rascando un poco debajo de la superficie.

A continuación relaciono como ejemplos algunos de los factores evaluados, indicando la posición en la que figura España en el ranking de ese factor en particular y los compañeros de viaje que acompañan a España en los puestos inmediatamente inferiores o superiores (y no se trata de una broma: todo es rigurosamente cierto, consultable en la página web del WEF):

- Confianza en los políticos: 50 (Indonesia, Estonia, Montenegro…)

- Independencia del poder judicial: 60 (Nigeria, Líbia, Azerbayan…)

- Carga derivada de la regulación pública: 105 (Vietnam, Burundi, Camerún…) 

- Déficit público: 99 (Grecia -ay ay…-, Namíbia, Mauritania…)

- Deuda pública: 85 (Nepal, Lesotho, Panamá…)

- Calidad de la educación primaria: 72 (Benin, Colombia, Arabia Saudí, Puerto Rico…)

- Calidad de la educación secundaria: 78 (Ghana, Etiopía, Rumanía… hay que señalar sin embargo que en el factor calidad de las escuelas de management España ocupa un meritorio 6º lugar en el ranking, lo cual es un auténtico alivio para los que hemos estudiado en ellas, todo hay que decirlo…)

- Calidad de la enseñanza superior de ciencia y matemáticas: 99 (Nigeria, República Kyrgyz, Malaui…)

- Training del staff educativo (profesores): 73 (Albania, Botswana…)

- Nº de procedimientos y tiempo para crear una empresa: 108 (Timor, Mozambique, Trinidad Tobago, Guyana…)

- Prácticas de contratación y despido, rigidez mercado laboral: 122 (Tanzania, Mali, Senegal, Paraguay…)

- Integración femenina al mercado laboral: 81 (Zambia, Zimbawe, Jamaica…)

- Absorción de nuevas tecnologías: 49 (Egipto, Guatemala, Chipre…)

- Voluntad de delegar autoridad por parte de los directivos: 47 (El Salvador, Sri Lanka, Gambia, Omán…)

No voy a continuar, que luego nos acusan a los que trabajamos en el sector farmacéutico de provocar enfermedades (en este caso depresiones) para vender más medicamentos. De todas formas la conclusión está clara: ¡nos movemos entre la élite!

En los últimos meses intento hacer un fuerte ejercicio de empatía y ponerme en el lugar de un alemán o un holandés (la matriz de la empresa en la que trabajo está en este último país). Llevan años contribuyendo con ingentes cantidades al fondo de desarrollo europeo viendo como España crecía y crecía… para descubrir de pronto que no habían invertido todo este dinero en los pilares de una economía fuerte y sostenible (innovación, educación, etc.), sino en una fiesta (¿orgía?) constructiva que de pronto ha terminado en seco y tras ella sólo queda casi un 20% de paro y un lastre económico para toda la zona euro. ¿Qué deben pensar de nosotros nuestros colegas del norte?

Un país no se construye a base de pelotazos inmobiliarios y turismo de bajo nivel, millones de funcionarios y constructores con Porsche Cayenne. Un país serio (“ideal”) requiere de unas bases sólidas, un proyecto de futuro claro, una conciencia de las ventajas e inconvenientes, un enfoque hacia ciertas actividades y un fuerte alineamiento de todas las actividades hacia éstas, empezando por la educación (la base de la cultura de un país), la administración pública, la tecnología, los servicios, etc. Y un país serio también requiere de unos líderes fuertes y competentes que guíen y controlen el paso, sin llevar a cabo medidas deficitarias ni debates estériles partidistas, sino con una auténtica vocación de servicio. Y, también, de unos ciudadanos comprometidos, responsables, creativos, emprendedores, trabajadores, con una cultura de esfuerzo (o una cultura almenos, de cualquier clase…).

Viendo el estudio de competitividad del WEF lo que uno se pregunta cándidamente es ¿y cómo demonios saldremos de ésta? Aunque luego, tras el pesimismo inicial, yo me tranquilizo: en el fondo no es tan difícil… o no debería serlo para unos líderes mínimamente preparados y un país con ganas de tirar adelante. Se trata de ideas claras, proyecto y liderazgo, y de unos hábitos adecuados para hacer bien las cosas, con mucho sentido común. Con esto sólo creo que ya llegaríamos bastante más lejos, ¿no?

Mi país ideal (iii) confianza

Sigo con la serie de entradas sobre mi país ideal (¿una utopía?… ¡no! ¡ha de ser posible, no es tan difícil!). En esta entrada se comenta otro aspecto necesario en mi entender: confianza. En mi último libro (“Liderazgo peregrino“) se entra en detalle con un modelo que explica lo que fundamenta la confianza. Por ejemplo, para confiar en un político se requiere que: sea competente (tenga la formación y experiencia necesarias, cosas tan básicas como que hable inglés o sepa de lo que gestiona…, que tenga un curriculum con éxitos probados), que sea responsable y se comprometa, que tenga buenas intenciones, que hable claro (lo bueno y lo malo), que sea coherente y hace lo que dice, que tenga las ideas claras y no las cambie cada día, que sea auténtico, natural, transparente, que actúe más que hable, que consiga resultados tangibles, que se disculpe cuando cometa errores y arregle las consecuencias, entre otras cosas.

El domingo 7 de febrero de 2010 en La Vanguardia aparece un artículo de 2 páginas enteras, con titulares enormes que rezan: “Crisis de liderazgo”, “La recesión revela las carencias de una clase política incapaz de ejercer de referente”, “El nivel cultural de la población se ha elevado, pero no el de los líderes”, “El descrédito crece porque el Gobierno está desbordado y no se ve alternativa”, “Crisis de personalidad, coherencia, discurso y carisma”, “El desapego es más intenso en Catalunya”… no sigo para no hacer más mala sangre, pero acaba con un recuadro titulado lacónamicamente “DESCONFIANZA HACIA LOS POLÍTICOS”… supongo que queda claro leyendo estos dos párrafos que éste no debe ser mi país ideal…

La confianza, según dice Covey jr. en un fantástico libro que habla de ella, es el valor que lo cambia todo, el catalizador que hace que una organización, una sociedad, una empresa o un país funcione. Nuestro mundo está lleno de automatismos y tecnología pero al final resulta que se desmonta todo el sistema económico cuando los bancos pierden la confianza entre ellos y dejan de prestarse dinero, o que la política es un desastre porque los ciudadanos han perdido la confianza en sus gobernantes. La confianza es un elemento esencial del liderazgo y, desde luego, me gustaría vivir en un país donde reinara la confianza: confianza de unos ciudadanos hacia otros, conafianza en la policia y la seguridad, confianza hacia los que gobiernan basada en una buena gestión del dinero que me quitan cada mes para invertirlo en servicios públicos, confianza en el futuro basada en una visión clara de hacia donde se pretende llegar y cómo se conseguirá…

Siendo un poco más concreto, me gustaría confiar en las personas que gobernaran mi país porque viera claramente que éstos:

1. Son personas o gestores competentes, cuyo curriculum está en internet y puedo verlo (y no contiene medias verdades o mentiras como “economía y derecho” cuando sólo cursó un par de años de cada carrera y no acabó ninguna… y esto es un caso real de un político muy relevante de nuestro país), tienen estudios, hablan idiomas, tienen experiencia, tienen un historial de éxitos sólidos (no como una ministra española cuyo historial anterior es el de presidir la comisión de la junta de Andalucía para el desarrollo del flamenco y haber hecho unos meses de prácticas en un banco entre otras cosas menores -¿puede haberlas menores?)… En resumen, que no ocurra como ahora: que en cualquier empresa se pide más en un proceso de selección de una secretaria que lo que pedimos para llegar a ser ministro o presidente de un gobierno.

2. Tienen buenas intenciones: vocación de servicio, es decir, que están en sus cargos porque quieren dedicar parte de su vida a mejorar la sociedad y no para “forrarse” (como se pilló diciendo a un relevante político que ahora tiene un sueldo millonario en una gran empresa española post-monopólica), para hacer de ello su profesión de por vida o para acaparar poder. Que sean responsables y comprometidos (ayer puse la tele un rato para escuchar el pleno del parlament de Catalunya sobre la crisis económica y la mitad del hemiciclo estaba vacío, y uno se pregunta cándidamente ¿es que hay cosas más importantes que la crisis y cómo salir de ella? ¿es que los diputados no cobran un salario muy alto para hacer su trabajo, que empieza por asistir al parlamento? ¿qué pasaría si en una empresa un día clave, de los más importantes del año, faltara la mitad de los empleados porque están cansados o tenían otras cosas que hacer y se han largado?…)

3. Que sean claros hablando, transparentes. Que me traten como un adulto: me expliquen lo bueno y lo malo, me rindan cuentas de lo que están haciendo con mi dinero que cada mes me quitan a través de los (enormes) impuestos, que reconozcan cuando se equivocan y me digan cómo lo solucionarán y cómo evitarán que ocurra de nuevo, que me pidan mi opinión (hoy en día hay mil formas “2.0″ de hacerlo) y la tengan en cuenta, que afronten los problemas sin dilatarlos ni disminuirlos pensando que me voy a creer que no existen porque ellos lo digan, que dediquen tiempo a conocer lo que ocurre en la realidad de la gente que (al contrario de ellos) pueden perder sus empleos por la crisis. Y sobre todo que sean coherentes, que tengan ideas claras y las defiendan, que hagan lo que dicen, que no cambien de discurso según el día que hace, que no mientan flagrantemente porque hay grabaciones que lo demuestran y no pase nada.

4. Que actúen, mucho y rápido. Que hagan cosas útiles, sin comisiones que eternizan los temas y los diluyen sin llegar nunca a la acción, que parecen hechas para otorgarse salarios extras, añadidos a los ya sustanciales emolumentos que tienen para lo que consiguen (aunque por lo menos dan motivos para reirse un rato, como estos últimos días en los que el presidente de una comisión para la seguridad viaria -que nadie sabía que existía y que uno se pregunta qué valor debe añadir al ya nutrido departamento de un ministerio que se encarga de ello- ha sido acusado de un delito por haber tenido un accidente conduciendo con una tasa de alcoholemia el doble de alta que la permitida… no me diréis que no es almodovariano o todavía peor). Que obtengan resultados tangibles que mejoren mi vida, aunque no den titulares muy bonitos para ellos. Y, en cuanto a resultados, también muchos y rápidos, constantes.

5. Que sean buenos líderes (y aqui me remito a una entrada anterior del blog que explica con más detalle a qué me refiero: a que tengan un proyecto ambicioso, atractivo y claro para el país, que inspiren a sus ciudadanos, que sean un ejemplo de lo que predican, etc…).

Mi líder ideal (ii) Nelson Mandela

Mandela es uno de los reconocidos como grandes líderes históricos, y a raíz de la reciente película “Invictus” de Clint Eastwood una figura que ha vuelto a la rabiosa actualidad. ¿Qué perfil de liderazgo ofrece?

Sin duda tenía 3 de las 5 columnas del modelo L.I.D.E.R. a un nivel extraordinariamente alto, lo que catapulta su perfil. La primera es la L: tenía un proyecto claro de país que no sólo era elevado, noble y ambicioso, sino simple y claro de explicar a través de la expresión la “nación arcoiris”; tras años de racismo y lucha de blancos y negros, proponía una nación unida y harmónica basada en la tolerancia, el respeto y el trabajo conjunto olvidando rencores del pasado. Era extremadamente difícil conseguirlo, pero hoy Sudáfrica es un país que ha superado en apartheid a pesar de algunas cicatrices que siempre tardan muchos en desaparecer.

También era un impresionante inspirador; su sencillez y convicción, combinado con su increíble referente (la fuerza moral de haber estado casi tres décadas en prisión y luego perdonar a los que lo habían encerrado, su ejemplo de tolerancia y los valores que predicaba…), le han convertido en una figura casi reverencial, mediática y admirada en todo el mundo. Ha sido capaz de inspirar libros, artículos y revistas y de ser el héroe de miles de personas no sólo en su país sino en alrededor de todo el planeta.

Por tanto, Mandela construye un potentísimo estilo de liderazgo fundamentado en la L, la I y la R del modelo L.I.D.E.R. ¿Qué ocurre con la D y la E? El Mandela político o gobernante era licenciado en derecho y una persona inteligente y cabal; cumplía las características básicas que le hacían competente, aunque más que probablemente no podía ser el más preparado de los estadistas por el simple hecho de haber perdido tantos años en prisión sin poderse formar mejor ni ganar experiencia. Por tanto, la D no era posiblemente excelente pero no constituía un talón de Aquiles en su perfil de liderazgo, cumplía unos mínimos aceptables.

Respecto a la E, según parece era un trabajador infatigable y trataba de tener una ejecución ordenada y disciplinada. Seguramente tampoco era su punto más fuerte, tratándose de una persona muy idealista y visionaria, cuyo carácter soñador y posiblemente no totalmente ordenado y disciplinado puede contituir un dolor de cabeza para sus asesores y funcionarios que han de ejecutar las constantes ideas que genera una persona de este talente. Pero, en cualquier caso, consiguió convertir sus ideas básicas en hechos y resultados, sin que esto fuera su característica más marcada.

En definitiva, pues, como explica el modelo L.I.D.E.R., es más que suficiente tener las 5 columnas en un nivel mínimo o aceptable, si se destaca en alguna de ellas; si, como en el caso de Mandela, se destaca tan extraordinariamente en 3 de las columnas y se tiene un nivel aceptable de las otras 2, el perfil se convierte en el de un líder fuera de lo común, que ha dejado huella en la historia de la humanidad.

Mi país ideal (ii) ideas claras

En la entrada anterior de esta serie (“Mi país ideal”) me refería a la necesaria cualidad de los líderes políticos para constituir un referente o ejemplo en muchos campos. En esta entrada empiezo a tratar lo que debería hacer (además que ser) un político.

Cuando uno piensa en un líder, lo primero que se le ocurre es pensar qué pretende hacer, hacia donde pretende conducirnos. Liderar es conducir hacia algún lado, así que si uno pretende liderar debe ser capaz de definir en primer lugar hacia donde va.

Ser “socialista”, “conservador” o “catalanista” no es, por supuesto, ningún rumbo concreto. No cuela. Un proyecto ha de ser claro y concreto, todos lo han de poder entender, ha de ser detallado aunque cuente con un “eslogan” o etiqueta para resumirlo.

Y tampoco cuelan los programas electorales de los partidos políticos actuales, que si uno tiene la paciencia de leer, son documentos realizados por asesores de marketing de centenares de páginas (literalmente), llenos de frases grandilocuentes y buenas intenciones, que consiguen alentar ilusiones… para luego caer desde más alto cuando uno ve lo que hacen en la realidad diaria los que predican todo eso.

Me gustaría vivir en un país en el que hubiera unas ideas claras sobre qué somos, dónde queremos llegar y cómo lo haremos para ir allí, es decir, lo que se suele llamar un plan estratégico que define misión, visión y estrategia.

Es cierto que no hay demasiados países que tengan estas ideas muy claras, pero viajando por el mundo de pronto te encuentras alguno y es impactante. Por ejemplo, Chile. En la actualidad es un país relativamente pequeño que tiene las ideas muy claras: pretende ser el país más estable de Sudamérica para constituir la plataforma perfecta para empresas extranjeras que quieran establecerse y desarrollarse en el continente. Hablando con personas de todo tipo (abogados, auditores, bancos, consultores, funcionarios…) uno encuentra una historia común y consistente, que todos tienen muy bien aprendida. Y esta visión provoca un alineamiento en todo aquello que puede ayudar a conseguirla: para llegar a ser lo que pretenden ser necesitan una Administración pública transparente y rápida, que genere confianza; trámites de establecimiento fáciles o subvenciones cuantiosas para la inversión extranjera, entre muchas otras cosas… que tienen. La sensación de proyecto común y compartido da mucha coherencia y atractivo al país cuando uno lo conoce como posible inversor extranjero, que es justo lo que buscan.

Es sólo un ejemplo, pero lo importante es el concepto. Un país ha de saber qué es, qué aporta al mundo, qué le diferencia de los demás; también ha de tener claro qué pretende conseguir, hacia donde se dirige y cómo llegará allí. Y todo ello ha de ser conocido por todos y aceptado de forma tranversal, sin variar sustancialmente sea cual sea el partido de turno en el gobierno.

Me gustaría saber cuál es el proyecto de Catalunya o de España, por poner dos ejemplos cercanos. ¿Existe una idea clara de qué aportan al mundo y qué nos diferencia de otros países? ¿Todos sus ciudadanos saben hacia donde se dirigen, qué quieren ser, qué sectores económicos quieren priorizar, qué valores caracterizan su sociedad…? ¿Existe un plan concreto y compartido de cómo se saldrá de la aguda crisis en la que andamos metidos y hacia dónde evolucionará nuestra economía? ¿Queremos ser la Florida europea como polo de atracción turística, o un país industrial, o innovativo, o…? ¿Y qué no queremos ser?

Y estas preguntas (y muchas más) sólo son la base, el principio. De ellas se han de desprender un conjunto de respuestas detalladas que deberían ser explicadas constantemente por parte de los dirigentes, tratando de alinear todos los esfuerzos en todos los ámbitos (empresarial, político, social, educacional…) de forma coherente hacia estos objetivos.

Ir en un barco que no sigue un rumbo claro resulta inquietante, y esto es exactamente lo que ocurre en la mayoría de países. ¿Realmente es tan difícil tener unas pocas ideas claras sobre qué somos y qué queremos ser? Claro que, pensándolo bien, ¿cuántas personas tienen más o menos claro qué son y qué pretenden hacer con su vida más allá de los tópicos y planes-prototipo?

Mi líder ideal (i) Pep Guardiola

Esta serie de entradas intentarán explorar el perfil de liderazgo de algunos líderes bien conocidos, históricos y actuales, para identificar las características que les convierten en tan buenos o malos líderes y, en definitiva, entender mejor la naturaleza del liderazgo. En general me basaré en el modelo L.I.D.E.R. que explico en el libro “Liderazgo pregerino” y que establece 5 áreas de competencia que ha de tener un líder (liderar el camino o competencias estratégicas, inspirar a las personas o competencias sociales, destrezas personales o competencias técnicas, ejecutar o competencias de gestión y ser un referente o competencias éticas, para más detalles ver el libro). Y empieza con una persona actual que está en boca de todos en los últimos meses: Pep Guardiola.

Tras los espectaculares resultados del FC Barcelona en la temporada 2008-2009 (ganador de la Liga y Copa españolas, así como de la Champions League, algo que muy pocos equipos han logrado en la historia del fútbol), su entrenador Pep Guardiola ha sido usado como ejemplo de liderazgo en revistas, artículos y hasta libros de todo tipo. Se ha dicho que, prácticamente con el mismo equipo que los dos años anteriores no ganó ni un título y con una directiva en crisis, ha conseguido el milagro de ganarlo todo gracias a sus dotes de liderazgo. Pero ¿es realmente un buen líder?

Guardiola tiene un proyecto muy claro y definido para el equipo, desde el primer día, lo ha explicado y es muy atractivo: quiere un equipo consistente pero que juegue un fútbol bonito, que dé espectáculo y a la vez sea ganador, con una base de jugadores de la cantera y algunas estrellas bien adaptadas y conjuntadas, sin estridencias ni individualismos sino un bloque unido y fuerte. Este planteamiento casa perfectamente con el concepto que el Barça ha intentado implementar como su filosofía diferencial desde tiempos de Cruyff e incluso antes (él consolidó y concretó algo que ya existía). Así que respecto a la L de L.I.D.E.R. no hay duda que Guardiola tiene un proyecto claro y simple, alineado con la entidad y muy atractivo para el público y demás stakeholders.

Respecto a la I de L.I.D.E.R., Guardiola siempre ha destacado por su capacidad de comunicación. Era uno de los jugadores que se expresaba con mayor facilidad e inteligencia, y tiene un obvio ascendiente sobre los jugadores (especialmente los de la cantera que le conocieron y era uno de sus ídolos). Uno de sus puntos fuertes ha sido, a juicio de todos y empezando por los propios jugadores, su capacidad de inspirarles y motivarles, siendo muy exigente pero justo y cercano. Y también ha gestionado con maestría la comunicación con los medios y la prensa, un tema complicado y difícil en este club (si no que le pregunten a Van Gaal). En definitiva, la I ha sido, posiblemente, la mejor de las capacidades de Guardiola este año.

Si atendemos a la D de L.I.D.E.R., Guardiola fue un jugador muy bueno, formó parte del llamado dream team del Barça en la era Cruyff que fue probablemente el mejor equipo blaugrana de la historia hasta el actual, y era su organizador en el medio campo, su “cerebro”; desde este punto de vista, nadie duda de sus conocimientos técnicos: de fútbol, sabe, no cabe duda. Como entrenador no tenía casi experiencia, esta era la principal duda sobre sus destrezas personales o habilidades, pero todo el mundo le tiene por una persona inteligente, cabal, equilibrada, razonable. Así que en conjunto, tanto la D parecía ya razonablemente buena de partida, y al acabar el año es mejor; no es su mejor dimensión pero desde luego no constituye un talón de Aquiles.

La E ha sido otro de los aspectos destacados de Guardiola. Por lo visto es una persona muy disciplinada, constante y tenaz; revisa vídeos de los otros equipos, analiza fallos y diseña mejoras con su equipo técnico de forma incansable; ensaya jugadas a balón parado a menudo. Parece, pues, que la ejecución e implementación de sus planes se ha realizado muy bien.

Y, por último, también la R parece estar muy bien situada. Por su carácter educado y tranquilo, su constante imagen de humildad y esfuerzo, su capacidad de conectar con la “parroquia” blaugrana (un ídolo como jugador, catalán, formado en la cantera…), y evidentemente por sus éxitos actuales, se ha convertido en un referente, en un ejemplo a seguir. Ya hay quien habla de él como un futuro presidente del club… ¡incluso oí a un tertuliano que lo comparaba con Obama!

No es de extrañar, pues, que sea considerado un buen líder, ahí tenemos la explicación: no sólo tiene todas las columnas a un nivel mínimo (más bien razonablemente alto), sino que en 2-3 dimensiones destaca de forma extraordinaria (hay que señalar que esto es así para este caso concreto y en estas circunstancias, y no quita que se pusiera a Guardiola como líder de una empresa que fabricara tornillos y pudiera fracasar rotundamente, de nuevo insisto en la naturaleza concreta y temporal del liderazgo, que ha de adaptarse al momento y las circunstancias).

Mi país ideal (i) políticos-referente

Con esta entrada empieza una serie que tratará de explicar cómo entiendo yo que debería ser un país desde el punto de vista de liderazgo, es decir, qué deberían ser capaces de hacer sus líderes políticos para ser dignos de la confianza que su pueblo les ha concedido al votarles como sus representantes.

No sé si seré capaz, ya que la tentación es demasiado fuerte, pero trataré de ahorrarme la crítica a los políticos actuales de nuestro entorno con ejemplos y nombres concretos. Creo que la crítica más feroz es la que constituye el hecho de explicar en positivo lo que deberían hacer y que cada uno juzgue si en este momento nuestros representantes están a la altura o no de esta expectativa.

Empezaré por la última de las columnas del modelo L.I.D.E.R. (la R), para entender que lo primero que tendrían que conseguir los líderes políticos es constituir un referente para los ciudadanos del país.

Un político debería dar ejemplo de muchas cosas. En primer lugar, de servicio, puesto que la única motivación para dedicarse a la política debe ser la firme voluntad de servir a los demás y contribuir a la mejora colectiva de la sociedad de la que forma parte la persona y el ciudadano que también es el político. Desde esta perspectiva, no es muy entendible la carrera del “político profesional”, el que empieza en un partido bien jovencito y vive toda su vida de ello. Al fin y al cabo, ¿cómo podrá representar bien al pueblo si nunca ha vivido en sus circunstancias? La política no debería ser un modo de vida, y menos si lo es para gente mediocre que ve difícil tener éxito en la “vida real” y se refugia en la política. Y tampoco, por cierto, debería ser un paso más en la persecución del poder y la influencia, y menos aun el enriquecimiento personal, otra de las pautas que siguen ciertos políticos.

El político también debería constituir un referente de los valores fundamentales sobre los cuales se debería construir toda sociedad: buenas intenciones (ser constructivo), humildad, transparencia, competencia (entendido como ser competente), sinceridad, ambición, respeto, optimismo, buena educación (buenas maneras), energía… Ir imaginando a los políticos actuales en este papel se me está haciendo tan difícil que prefiero no continuar la lista…

En definitiva, la R del modelo L.I.D.E.R. explica que todo lider debe ser un ejemplo a seguir, como dicen en inglés ha de “caminar el discurso” (walk the talk) y hacer lo que dice. Ha constituir un referente de los valores de la sociedad a la que aspira a representar, ser un faro que guie a todos los ciudadanos; una persona respetada y admirada que, más allá de la afinidad en las ideas políticas concretas, sea un espejo en el que a todos los miembros de una sociedad les gustaría reflejarse.

Conforme escribo tengo la inquietante sensación de estar plasmando una especie de utopía que provoca una inevitable sonrisa entre cínica y compasiva, del que piensa “pobre incauto…”. Esto debería ser el ABC de la política, la base incuestionable de lo que debe ser un líder político. Obviamente no empieza muy bien este análisis del país ideal, porque a mi me gustaría vivir en un país en el que los líderes cumplieran estas condiciones… ¡para empezar! En entradas siguientes se desarrollarán otras muchas condiciones que deberían cumplir también: competencia técnica (y no me refiero a aspectos de perogrullo como hablar inglés, sino a ser realmente muy competentes en su área de gestión), capacidad de definir un proyecto de futuro ambicioso y atractivo a la vez que claro, comunicación y capacidad de inspirar, desarrollar planes de acción concretos y realizar un seguimiento disciplinado de ellos, y un largo etcétera…