R - Regenerar

Barça – Madrid (no me puedo resistir…)

Este blog no pretende comentar la actualidad en cualquier ámbito y menos el deportivo, pero no puedo resistir la tentación de comentar el tema, no sólo por el partido de ayer en el que un Barça de sueño atropelló y arrasó a un Madrid impotente y desdibujado, sino más en general. Porque sinceramente creo que partidos como el de ayer no son casuales y responden a muchas cosas que los equipos tienen detrás y que tienen mucho que ver con el liderazgo, bueno y malo.

El Barça que llega a jugar ayer maravillando a todo el mundo, siendo uno de los mejores equipos que se han visto en la historia del futbol (según la mayoría de expertos que lo afirman en todo el mundo) no se forma de un día para otro. Es el resultado de muchos años de trabajo, y no sólo del equipo técnico y deportivo actual. Usando las 5 columnas de mi modelo L.I.D.E.R., es un equipo con un liderazgo sólido, ejemplificado en este momento por Pep Guardiola, con un proyecto estratégico clarísimo (un modelo de juego propio y distintivo, que se trabaja desde la cantera y se introduce en el ADN de los jugadores, un proyecto bien definido y conocido por todos); una gran capacidad de inspiración para unos jugadores que sienten los colores (ayer llegaron a jugar 9 formados en el club, algo insólito en un club de primera línea mundial) y están comprometidos al máximo porque sienten orgullo por contribuir a este proyecto; una capacitación y competencia técnica espectacular de jugadores y entrenador; una capacidad de ejecución disciplinada con trabajo duro y cuidado en todos los detalles; y todo ello basado en unos valores positivos (humildad, esfuerzo, pasión, lealtad, corrección…).

El Madrid, por su parte, no tiene (o por lo menos se desconoce) un proyecto claro, simplemente quiere ganar, ser líder; esto lógicamente no inspira tanto a unos jugadores que en su mayoría no sienten ese orgullo por contribuir, sino que también miran más por ganar (dinero y títulos y fama); sin duda cuentan con una gran capacidad técnica y competencia, que sin embargo está demostrado en toda clase de competiciones deportivas que no es suficiente para ganar sino que ha de ir acompañada de otros elementos; nunca ha tenido una capacidad tan grande de disciplina y ejecución sistemática, con frecuentes enfrentamientos y líos internos; y, sin duda, todo ello basado en valores muy distintos a los que citaba antes (probablemente empezando por la ambición competitiva poco sana, el dinero como elemento fundamental, la fanfarronería o chulería, el alarde, el desafío, la fuerza bruta cuando se requiere…).

Un triunfo del Barça como el de ayer para mi es mucho más que un buen partido. Es una esperanza de que el liderazgo bien entendido, basado en ideas claras, inspiración y compromiso de las personas, competencia técnica, ejecución disciplinada y los valores adecuados, puede arrasar. Que se puede ganar jugando limpio y sin abandonar los valores fundamentales. Que en la vida no siempre gana (como a veces parece, por desgracia) el chulo, el listillo, el violento, el tramposo.

En cierta forma creo que los dos personajes antagónicos que mejor ejemplifican esta dualidad son Mourinho y Guardiola. El primero para mi es un ejemplo del lider-capataz, anticuado, dominante (bastante macho-alfa), chulesco, provocador; que no digo que no sea inteligente, competente y haya tenido muy buenos resultados durante su trayectoria, pero que puede parecerse en muchas cosas a esos líderes políticos y empresariales que sólo miran por el dinero, por lo suyo, sin importarles el proyecto común y sin entender que liderar es compromiso, responsabilidad, servicio a los demás, humildad, trabajo duro. Y que. además, es incorregible, y tras sufrir una auténtica humillación ayer todavía se muestra desafiante y cínico en la rueda de prensa después del partido. Guardiola, por su parte, ejemplifica muy bien el líder moderno, que entiende su papel de facilitador y liberador del talento de sus jugadores, que tiene las ideas claras de su proyecto, que es competente, que inspira, que trabaja duro sin dejar nada al azar, que sentimos cercano porque entiende los sentimientos que despierta el Barça, se compromete al máximo, se apasiona con su trabajo y su equipo, es humilde, modesto y quiere mejorar cada día.

El Madrid parece no querer entender todo esto y su única receta para hacer frente al Barça es más dinero, más fichajes, más chulería y desafío, más de lo mismo. Sinceramente, peor para ellos y mejor para el Barça, que de momento puede seguir imponiendo su estilo. Sin duda algún día el Madrid ganará un partido al Barça y probablemente los jugadores que ayer se negaron a hacer declaraciones a la prensa usarán esa oportunidad para vengarse y tratar de humillar al eterno rival. Pero lo que creo que todavía no saben o no quieren saber, es que esa eventual batalla perdida es irrelevante en el conjunto de la “guerra”, porque ésta ya está ganada, por la forma en que el Barça lleva muchos años trabajando, jugando, comportándose y administrando sus derrotas y victorias y, en definitiva, siendo un magnífico ejemplo de cómo una organización bien liderada puede triunfar y conseguir una ventaja sostenible inimitable, porque no se basa en los productos u otras cosas tangibles, sino en las personas y su infinita capacidad de compromiso y contribución cuando se crean las circunstancias para que deseen dar lo mejor que tienen en beneficio de un proyecto común.

Diálogos con un forastero (iii) el diálogo social

- Hola Oriol, oye, hace poco hablamos de los sindicatos y de la CEOE y que no parecían muy preparados para llevar adelante el tan imprescindible diálogo social, pero veo que el Gobierno ha tomado cartas en el asunto y ha nombrado un nuevo ministro de trabajo, eso debe ser bueno, ¿no?
- …
- Con la cara no pareces muy animado. El ministro de trabajo debe ser una figura clave para coordinar a ambas partes y conseguir acuerdos y avances positivos para implementar la reforma laboral que tan necesaria parecía en vuestro entorno, ¿no?
- …
- Pero, ¿qué pasa? ¿Es que no crees que sea la persona ideal para el cargo?
- No lo conozco ni sé mucho de él, pero alguien que ha estado años en el ámbito sindical y que asistió a la manifestación que organizaron los sindicatos en contra la reforma laboral propuesta por el Gobierno (sea ésta buena o mala) no parece así a priori como un ejemplo de ecuanimidad y objetividad para poner de acuerdo a patronal y sindicatos e implementar la reforma de forma suave y firme, es puro sentido común, ¿no?…
-… (aunque no se pueda ver, la cara del forastero deja muy clara su opinión al respecto)

Diálogos con un forastero (ii) la CEOE

Mi apreciado forastero que me visita desde su lugar de origen (SENTIDOCOMUN) hoy llegó preocupado por un tema que lleva muchos días ocupando páginas de la prensa y que no acaba de entender…

- Hola Oriol, no hago más que ver noticias sobre una cosa llamada CEOE que parece agrupar a muchos hombres mayores, encorbatados y con aspecto de estar siempre muy preocupados… ¿qué es eso?
- Es una asociación de empresarios, de hecho la “patronal oficial” española. ¿Recuerdas cuando hablamos de los sindicatos? Pues es la asociación que agrupa a los “del otro bando”: los empresarios
- Ah… Pues si no me equivoco ví una noticia sobre el que presidía esta asociación y no me pareció leer entre lineas que pareciera muy buen empresario…
- Te refieres al hecho de que el presidente de la CEOE sufrió la quiebra de sus empresas relacionadas con los viajes (agencias, compañía aérea…), ¿no?
- Sí, aunque de hecho me refería más bien a cómo pasó eso, según esa noticia… Una cosa es que un negocio vaya mal  que le puede pasar a cualquiera (aunque parece que un modelo de negocio agresivo e hiper-endedudado también tuvo algo que ver, lo cual no dice demasiado del que lo preside), pero sobretodo me sorprendieron las consecuencias que tuvo esa quiebra: se hablaba de impago de nóminas, incumplimiento de obligaciones con Hacienda y Seguridad Social, pasajeros abandonados a su suerte… No parece el comportamiento de un empresario modelo… por lo menos de dónde yo vengo
- No, realmente no es muy un ejemplo muy edificante…
- Pero después ví alguna noticia más en el que había otro caso parecido… algo sobre relaciones laborales, ¿puede ser? ¿qué es eso?
- Bueno, relaciones laborales es un nombre anticuado para hablar de lo que después se llamó recursos humanos, capital humano y hoy ya se empieza a llamar desarrollo de personas, o sea cómo las empresas se relacionan con las personas que trabajan en ellas. Y resulta que el responsable de la CEOE de ese tema no sólo tenía el nombre anticuado sino el concepto también: fue multado por las autoridades laborales por maltratar y humillar a empleados… otro modelo de comportamiento…
- El caso, Oriol, es que me empiezo a preocupar por vuestra sociedad… Disculpa mi franqueza pero el otro día me quedé con una idea de los sindicatos que no era muy positiva y hoy veo que delante tienen unos empresarios que tampoco parecen ser la asociación más profesional y ejemplar que haya visto. Si le sumamos lo que hemos hablado muchas veces de vuestros políticos, entre los que está ese ministro de trabajo que tiene como experiencia ser alcalde muchos años, dice en su toma de posesión que “viene a aprender” y que consigue el récord histórico de parados del país, el diálogo social debe ser algo complicado, ¿no?
- Sí, digamos que es uno de los males endémicos de nuestra economía y así estamos…
- Lo que no entiendo es que cuando veo noticias de sindicatos y patronales y todo eso, sólo veo fotos de personajes rancios y que parecen no ser muy profesionales, mientras que cuando voy contigo por ahí vemos muchas empresas con gente joven y muy preparada que seguramente podría hacerlo mucho mejor, ¿no?
- Probablemente tienes razón, aunque eso dice algo de los que están en esas asociaciones pero también de los que no están. En este país hay pocos buenos profesionales que tengan ganas de comprometerse con el proyecto común y aportar su talento a la sociedad, y así está la cantera de líderes políticos y demás… Si hubiera una conciencia de proyecto común de verdad y ganas de construir una sociedad y una economía fuerte otro gallo cantaría
- Pues la verdad es que es una lástima, porque cuando tu trabajo sabes que contribuye a un proyecto común eso te da una satisfacción mucho más profunda que cuando sólo te beneficia a tí… Tendríais que tratar de encontrar la forma de mejorar en eso
- Ya, pero es un pez que se muerde la cola: no hay líderes para forzar un avance en esa dirección y cada vez vamos a peor… ¿cómo lo harías tu?
- Perdona pero sólo hay una forma: no esperar a que ningún líder haga nada, sino hacerlo tú. Y si cada uno en su ámbito cambia, todo cambia. La forma de avanzar es convertirse cada uno en el cambio que quiere a su alrededor

Mi país ideal (ix) la administración pública III

Hago una especie de bis respecto a la última entrada de la serie “mi país ideal” en el que hablaba de la administración pública. Viene a cuento por dos anécdotas ocurridas en los últimos días y que creo que ilustran muchas cosas.

El otro día un amigo me explicó que una persona cercana que trabaja en una universidad pública como responsable de un departamento necesitaba fichar a una persona. Para ello, se constituyó un “tribunal” formado por el rector, el responsable de recursos humanos (que por lo visto no ha empezado a entender ni la primera R del término) y un delegado sindical; el jefe del departamento, como deferencia especial, fue invitado a atender a las entrevistas, sin voz ni voto (?!). Había 3 candidatos, uno que no se sabe cómo llegó allí, debía ser de relleno; otro era una chica brillante, formada en lo que se requería, espabilada, comprometida, la candidata ideal; y un tercero era un becario que trabajaba en la universidad. El jefe del departamento suplicó fichar a la chica, pero el sabio tribunal fichó al becario, con el argumento inapelable de que “era uno de los suyos” (a saber á qué se referían: ¿estaba afiliado al sindicato? ¿era amigo o pariente lejano de alguno de ellos? ¿pertenecía al mismo partido político de alguno de ellos?…).

La otra anécdota la viví yo mismo. Esta semana pasada Synthon recibió una dura auditoría de tres inspectores de la FDA (la autoridad sanitaria de EEUU). Llegaron un domingo (volando en turista desde NY), trabajaron cada día de la semana de 8 de la mañana a 8 de la tarde, haciendo gala además de una profesionalidad, conocimiento y energía realmente de admirar; y regresaron el sábado por la mañana a EEUU. En una conversación informal les preguntamos qué les había llevado a trabajar en la administración, y explicaron que las agencias públicas norteamericanas llevan a cabo una intensa labor de búsqueda de los mejores candidatos, empezando por las universidades en las que realizan tests hechos a medida para encontrar los mejores perfiles para el trabajo que necesitan hacer, pasando por muchas otras acciones y, sobre todo, una exhaustiva formación que les lleva a sentirse orgullosos de defender la salud de sus compatriotas con el máximo ahínco y profesionalidad.

¿Significa ésto que en la administración pública norteamericana no puede haber funcionarios vagos, desmotivados y que prestan un servicio lamentable a su cliente-ciudadano? Seguro que no, sin duda los debe haber. Sin embargo, ante estos dos estilos de seleccionar candidatos creo que nadie puede dudar de qué administración pública tiene más probabilidad de tener este tipo de funcionarios, ¿no? Todas las generalizaciones basadas en ejemplos son, por definición, injustas, pero a la vez los ejemplos demuestran algo, que cuando es tan claro y evidente, es difícil de contestar. La administración pública de EEUU sin duda no es el modelo ejemplar a seguir, y tiene muchas deficiencias. Pero algo hacen mejor que nosotros, de esto tampoco queda duda.

Diálogos con un forastero (i) la huelga general

En primer lugar mil disculpas: entre el verano y otros mil temas he estado muy liado y he recibido algunos e-mails y comentarios “quejándose” de que tenía el blog abandonado… cierto, ¡qué desastre! Pero vuelvo a la carga. Arranco una nueva serie de posts que en cierta forma serán parecidos en contenido a “Mi país ideal” pero desde otra óptica. He creado un forastero, un habitante de un extraño país llamado SENTIDOCOMÚN, que me está haciendo una larga visita y durante la misma hablamos de las cosas que va viendo, y voy descubriendo el punto de vista de alguien que vive en un país muy distinto al nuestro (de hecho, no sabe nada de la mayoría de cosas que para nosotros importan) pero donde impera por encima de todo el menos común de los sentidos (menos común en nuestras latitudes). El primero de estos diálogos va de la huelga general que estos días ocupa todas las portadas…

- Oye Oriol, estoy viendo en todos lados que va haber una “huelga general”, ¿qué es eso que parece tan importante?
- Pues es un paro de trabajo que organizan los sindicatos: llaman a todos los trabajadores a parar de trabajar en protesta por algo, en este caso por un cambio en la legislación laboral.
- Uau, pues sí que deben ser importantes esos “sindicatos” si pueden movilizar a TODOS los trabajadores… ¿qué son?
- Son organizaciones que agrupan trabajadores y defienden sus intereses evitando que las empresas (que también están agrupadas en otras asociaciones llamadas “patronales”) les exploten o maltraten… almenos así nacieron originalmente…
- ¿Y de verdad las empresas son tana malas por aqui?
- Bueno, el tema es que uno o dos siglos atrás las empresas tenían mucho poder sobre los empleados, que eran analfabetos y apenas se podían defender, pero hoy en día la verdad es que las personas se defienden casi todas solitas y además la legislación (almenos la de aqui) es tan protectora de los trabajadores que ahora las que muchas veces tienen la sensación de ser las vulnerables son las empresas…
- No debe ser tan así cuando los sindicatos pueden parar a todos los trabajadores de golpe, ¿no?
- Bueno, es que en realidad tampoco es así. Verás, los sindicatos tienen cada vez menos afiliados… de hecho no se sabe cuántos, lo cual es un síntoma de que deben ser realmente pocos, y básicamente viven de los fondos que reciben del estado… que vienen de nuestros impuestos, claro…
- ¿Y entonces cómo consiguen que paren todos de trabajar si sólo unos pocos les son realmente fieles?
- Pues, de entrada no los paran todos, pero aunque suena raro dicho así, se dedican a cortar carreteras, accesos a polígonos y a poner piquetes en las empresas, que en teoría son “informativos” pero todo el mundo sabe que lo que en realidad hacen es impedir la entrada a las empresas de la gente que quiere ejercer su derecho constitucional al trabajo (y no quieren perder el salario de ese día, ya que si haces huelga lo pierdes) a base de amenazas, insultos y hasta incluso violencia… Así justifican el paro diciendo que ha sido seguido por toda esa gente que no ha podido trabajar y celebran su éxito y poder de convocatoria
- Ahora sí que no entiendo nada… ¿ý la policia lo permite? ¿y quienes son los que tienen ganas de gastar ese día insultando o pegando a otros trabajadores como ellos a los que en teoría defienden para que no puedan trabajar?
- Bueno, pues en realidad esos piquetes deben cobrar de los sindicatos… que les pagan con el dinero de los impuestos de la gente que quiere trabajar honradamente y encima recibe palos por ello… realmente suena fatal, entiendo tu cara… Pero es que todavía es peor, porque el motivo de la huelga es una reforma laboral que todos los expertos del mundo dicen que nuestro país necesita con urgencia si quiere salir de la dichosa crisis, o sea que es como si los sindicatos vivieran en otro mundo o no les importara el tema laboral que debería ser su especialidad…
- ¿Y porqué dicen los expertos que se necesita esa reforma laboral?
- A ver, cómo te lo explico corto y fácil… El tema es que la legislación laboral de nuestro país y los sindicatos tienen un enfoque (en mi opinión) obsoleto: defienden los puestos de trabajo, es decir, tratan de que nadie que tenga un trabajo lo pierda. Pero en el mundo actual esto da risa; los mercados y las empresas cambian, se fusionan, cambian de país según dónde los costes sean más bajos… y no pararán de hacerlo porque a los sindicalistas españoles no les guste, evidentemente. Por eso se tendrían que enfocar en otra cosa: el trabajador, tratando de que éste tenga más y más herramientas para enfrentarse a este mundo, más formación, más flexibilidad ante el cambio, más movilidad geográfica, etc… [NOTA: no desarrollo más este tema porque ya fue objeto de un post anterior, para más información ver la entrada "Mi país ideal (vi) empleo"] ¿Te acuerdas de aquél día que hablamos de la Iglesia Católica? Pues es un poco como lo que te contaba allí: instituciones que nacen con unos objetivos claros y justos pero que son incapaces de adaptarse a la realidad de su entorno por sus corsés, estructuras endogámicas y personas poco capaces que viven del cuento en ellas, y se van quedando fuera de la realidad aunque por su historia e inercia todavía tienen su peso… ¡Imagínate que incluso el Gobierno ha tenido que negociar con los sindicatos si habría transporte público o vuelos internacionales el día de la huelga!
- Pero, a ver, un momento… Ponte en el lugar de un jefe de esos “sindicatos”. Para empezar cada vez menos gente se afilia y paga, es decir pierdes adeptos; después resulta que protestas contra una cosa que parece necesaria y para ello has de “secuestrar, chantajear y pegar” al país y a los propios trabajadores que en teoría defiendes para que no puedan entrar a sus empresas… ¿No te darías cuenta que algo está fallando?
- Hombre, visto así, pues deberías darte cuenta, pero resulta que cuando alguien está muy metido en un sitio es difícil que sea objetivo con sus motivos y acciones. Los sindicatos nacieron con un propósito justo, han tenido un papel muy relevante en la historia del capitalismo y han ayudado a conseguir muchos de los derechos que hoy nos parecen normales. Lo que pasa es que deberían ver la realidad de un entorno laboral en el que la mayoría de trabajadores ya no son obreros vulnerables sino que son personas formadas y autónomas, que no necesitan el tipo de protección que los sindicatos ofrecen hoy sino probablemente otra muy distinta, relacionada con un entorno muy distinto en las empresas, muchas de ellas ya empezando a gestionar y liderar las personas como su activo más importante, con necesidades muy cambiantes, una competencia global y feroz… Si los sindicatos fueran capaces de adaptarse a esta nueva realidad probablemente podrían seguir jugando un papel muy importante de nuestro mundo laboral, pero si siguen por el camino actual realmente no parecen tener un futuro brillante…
- Desde luego no lo parece… Sigo sorprendiéndome de cómo hacéis las cosas por aqui, amigo. Estoy aprendiendo mucho durante mi estancia… aunque, si he de serte sincero (y por favor no te enfades), muchas veces viendo cómo no se deben hacer las cosas o no se deben dejar deteriorar hasta ciertos límites…
- No me enfado, sólo haces preguntas y dices verdades, es lo que hay… En fin, cómo yo también aprendo explicándote estas cosas seguiremos charlando de otros temas muy pronto. ¡Hasta luego!

Mi lider ideal (iii) el rey Arturo?

Continuo la serie de posts sobre mis líderes de referencia, y a pesar de lo que pueda parecer, continuo con la idea de que este blog sea actual, riguroso y realista… ¿y cómo liga esto con el rey Arturo? os preguntaréis. Pues liga, liga más de lo que parece. Veamos.

Pocas figuras han generado tanta leyenda, literatura, ópera y sueños como el rey Arturo. Es uno de los personajes literarios con más resonancia universal, que personalmente siempre me fascinó desde pequeño, y la pregunta obvia que siempre me hacía es: ¿pudo haber existido realmente o es sólo un mito? En los últimos años distintos hallazgos y avances históricos han permitido verificar con bastante credibilidad y aceptación que Arturo existió, aunque como en muchos otros casos, la realidad da pié a la ficción pero no necesariamente se parece mucho a ésta. Incluso ha habido algunos libros y alguna película que más o menos han tratado de narrar lo que parece que fue la historia real.

El personaje histórico en el que se basan los mitos artúricos fue un tal Lucius Artorius Castus, descendiente de un romano que se instaló en las islas británicas y que empezó un linaje de militares romanos que desempeñaron distintas funciones de defensa de Bretaña frente a las oleadas de invasiones bárbaras que éstas sufrieron igual que Europa. Lucius nació alrededor del 450 dC y ocupó distintas posiciones en el ejército romano destacado en las islas, por lo visto todas ellas con notable competencia puesto que fue ascendido rápida y sucesivamente hasta llegar a tener un papel de liderazgo en la campaña militar que repelió la invasión bárbara desde Hibernia (Irlanda), acción que fue considerada como una gran hazaña épica, puesto que de haber perdido esa agónica guerra probablemente Britannia hubiese sucumbido definitivamente frente a los distintos pueblos bárbaros que la acosaban y el poder romano y la religión cristiana no hubiesen perdurado.

Aurelio era por aquel entonces el Regissimus Britanniarum (regente o máxima autoridad romana en Bretaña) y, antes de morir, adoptó como hijo y designó a Artorius como su sucesor, de forma que así accedió a una posición que más tarde se confundiría con el rey de Bretaña. Y aqui empieza realmente la leyenda de Arturo, y lo que para mi es más relevante: empezó la realidad de uno de los mejores líderes de los que tenemos referencia, porque en mi opinión fue precisamente su perfil y proyecto de liderazgo los que generaron la posterior leyenda.

Arturo se encontró una Bretaña acosada y casi invadida por los bárbaros, pobre, sin apenas poder militar más que los restos de antiguas valerosas legiones romanas, en plena crisis profunda no sólo económica sino de valores e identidad. Y también se encontró a un imperio romano que apenas podía protegerse de las invasiones bárbaras europeas, corrupto, decadente y que abandonó progresivamente su apoyo a las colonias, las islas entre ellas. Sin embargo, Arturo construyó un proyecto claro, simple y atractivo de futuro, y se empeñó en refundar una Bretaña fuerte, segura y próspera.

Durante meses viajó por la isla conociendo los detalles y problemas de su pueblo, y a partir de este diagnóstico realista estableció una nueva capital en Camulodunum (la ciudad fantástica de Camelot en las leyendas, aunque la realidad parece ser bastante menos atractiva puesto que se trataba de un campo militar establecido como base en un punto estratégicamente situado entre los distintos campamentos que fue creando Arturo en las fronteras de Bretaña para defenderse de los bárbaros, muy práctico pero por lo visto no muy bonito). Y desde allí trabajó incansablemente para reestablecer el orden, la paz, las infrastructuras y el comercio en la isla.

Su gran destreza militar lo llevó a grandes victorias sobre los distintos pueblos bárbaros que desde el norte, las otras islas e incluso el continente pretendían invadir Britannia. Y para ello se valió de una potente estructura de caballería que creó (y que se convirtió en la legendaria orden de caballeros de la mesa redonda en los mitos) y desarrolló hasta convertirla en una fuerza militar temida y respetada. Y, por cierto, también hay evidencias de que se apoyó mucho en un asesor-sabio-vidente que dió pie al mito del mago Merlín.

Por lo visto su primera esposa (Leonor de Gwent) no le puso las cosas fáciles, era una fuente de problemas constantes para Arturo y, aunque no está claro, incluso parece que finalmente le pudo abandonar por otro caballero (dando pié al mito artúrico del adulterio). Sin embargo, Arturo era una persona religiosa y fiel, que no quiso romper su vínculo matrimonial hasta que ella lo hizo, y más tarde Arturo se volvió a casar con Ginebra, probablemente también descendiente de una familia romana instalada en Bretaña. Y parece que el enlace con Ginebra prácticamente coincidió con la proclamación de Arturo como Imperator, un título en principio honorífico pero que según parece Arturo intentó usar para construir un nuevo orden político que otorgara una autonomía de Britannia respecto al ya casi desaparecido imperio romano de Occidente.

A la vista de la evolución que siguieron las antiguas regiones romanas tras las invasiones bárbaras y el desmembramiento del imperio, convirtiéndose en el origen de la mayoría de países europeos actuales, probablemente Arturo era un visionario y esta ambición tenía mucho sentido, pero no fue bien recibida por algunos de sus contemporáneos, y tuvo una fuerte oposición, la principal personalizada en un tal Lancearius Medrautus (el perverso Mordred de las leyendas), un noble descendiente de una rama familiar de Aurelio y con unas ambiciones de suceder a Arturo que con este nuevo giro que dieron las cosas quedaban muy limitadas. Medrautus reunió a un poderoso ejército al que incorporó distintos enemigos de Arturo (irlandeses, anglos, escoceses…) y se enfrentó abiertamente a él, y parece que en una batalla cerca de Cambloganna ambos murieron.

Tras Arturo nadie fue capaz de vertebrar un fuerza política y militar sólida y Britannia acabó sucumbiendo en una edad oscura de invasiones bárbaras y caos. Lo cual, sin duda, fue un buen caldo de cultivo para hacer crecer la leyenda de Arturo y del tiempo pasado que él consiguió que fuera seguro, estable y próspero, y que muchos esperaban poder volver a vivir algún día. Y, como ocurre siempre, con el tiempo las buenas historias se van magnificando, exagerando y modificando, hasta convertirse en leyendas y mitos que en este caso han perdurado.

Para mi, es muy significativo e interesante que Arturo tuviera lo que podríamos llamar un perfil de liderazgo excelente (usando mi modelo L.I.D.E.R. tenía una visión y un proyecto claro a corto y largo plazo, una gran capacidad de inspirar y aglutinar al pueblo en este proyecto, siendo cercano y respetado, una enorme destreza militar y capacidad como gobernante, una gran disciplina y pasión en la ejecución del plan y consiguiendo además resultados tangibles y era un referente y un ejemplo a seguir en muchos aspectos y en los valores que promulgaba y defendía, según todos los indicios), y que por todo ello se haya convertido en una leyenda eterna y universal, lo cual dice mucho de la importancia del buen liderazgo en cualquier tiempo y sociedad.

Mi país ideal (viii) la administración pública II

Sigo con la última entrada sobre la administración pública y el modelo que debería o podría seguir. En primer lugar he de reflejar un comentario que me hicieron sobre el último post. En él se habla de políticos y funcionarios, y no muy bien en términos generales, y un amigo me comentó que hay funcionarios que, en medio de un entorno ciertamente ineficiente y politizado que no ayuda nada a conseguir resultados destacables, luchan contra todo ello y consiguen cosas extraordinarias con un mérito que se debería reconocer. Tiene toda la razón, yo mismo conozco algunos de ellos, incluyendo personas cercanas e incluso familiares. Por tanto es necesario decir que las generalizaciones son siempre peligrosas y precisamente sobre algunos de estos funcionarios habría que construir un modelo diferente de administración. ¿Y cómo debería ser esta administración? Pues es un tema demasiado complejo como para ventilarlo en un post, pero desde luego sí se pueden trazar unas líneas clave que deberían marcar el camino:

a) Simplicidad. Hoy nos encontramos con administraciones locales (ayuntamientos), regionales (diputaciones -por cierto, ¿alguien me puede explicar de qué sirven en realidad, en la práctica?-, ahora se están discutiendo las vagueries que se añadirían a las ya existentes), autonómicas (CCAA), nacionales… entre otras. Y en esta maraña de distintos niveles se pierde cualquier claridad. ¿Por qué no podría haber sólo 2 niveles, una administración central y una local próxima al ciudadano para atenderle y proporcionarle todos los servicios necesarios?

b) Proximidad. La administración existe para dos funciones básicas: gobernar y atender al ciudadano dándole una serie de servicios (que podríamos discutir si son muchos o pocos). Para esta segunda función, como saben perfectamente todas las empresas de servicios, la clave es la proximidad. Si quieres atender bien a un cliente (y la administración debería no olvidar nunca que el ciudadano es su cliente) tienes que conocerlo y estar cerca de él, descubriendo sus necesidades reales para cubrirlas de la mejor forma posible, mejor que la competencia (si existiera… aunque podría existir en el sector privado) para que ese cliente te elija a tí. Por esto, la administración local debería ser mucho más relevante, siendo la que vehiculizara la mayoría de servicios que se prestan al ciudadano y ejerciendo de interlocutor con él. Sé que de la forma en que funcionan la mayoría de ayuntamientos hoy en día esto parece una locura, pero hablo en teoría…

c) Mínima centralización pero sólida. Para homogeneizar y controlar la actuación de estas administraciones locales/próximas potentes, debería haber una administración central reducida, pero muy potente, un verdadero equipo de gestores que guían y controlan a la vez la actuación de los locales, orientándoles cuando fuera necesario, dándoles soportes y algunos servicios centrales que por eficiencia conviene no localizar, etc. Este núcleo tendría que ser la estructura que sostiene el edificio.

d) Profesionalidad. La administración pública es muy compleja, gestiona enormes recursos y requiere de la máxima profesionalidad dada la altísima responsabilidad que supone estar gestionando el dinero que se obtiene de los impuestos que son dinero que se “saca” de los trabajadores a los que les cuesta mucho esfuerzo ganarlo. Los gestores públicos deberían ser profesionales solventes y contrastados, en cada puesto según la necesidad, pero con experiencia y capacidad suficientemente demostrada. Para ello el modelo entero de funcionariado debería cambiar, convirtiéndose en una carrera profesional atractiva no por ser un trabajo seguro sino retador y bien remunerado, pero super exigente y controlado, igual o más que cualquier empresa privada. Y desde luego ello significa que al funcionario se le pueda despedir cuando no tiene la aptitud o actitud necesaria, sólo faltaría.

e) Orientación al servicio a cliente. La cultura que debería impregnar la administración debería ser la de orientación al cliente (el ciudadano), con todo lo que ello significa: como decía antes conocerle, estar próximo a él, enfocar los recursos a cubrir sus necesidades reales, darle un servicio óptimo, comunicarse de forma transparente y fácil (“ventanilla única”, uso intensivo de los recursos que permite la red, etc.).

f) Máxima honestidad y control. La administración pública debería ser un ejemplo de muchas cosas: eficiencia, eficacia, exigencia… pero también, y sobre todo, de honestidad, rigor, disciplina y control. Con el dinero del contribuyente no se puede jugar, y debería existir la máxima garantía de que quienes lo gestionan lo hacen de la forma más ética y racional posible, y además existe un control exhaustivo y castigos ejemplares para quien no lo haga así. Además debería haber la obligación de rendir cuentas de forma regular, abierta y transparente, y no a los políticos sino a los ciudadanos, claro.

g) Mínimo intervencionismo. La administración no debe ser omnipresente ni meterse en todo, al revés. Siempre que una iniciativa privada pueda/quiera cubrir alguno de los servicios que presta la administración debería hacerlo, y se debería fomentar la competencia privada y píblica (pero entonces esta última compitiendo en igualdad de condiciones, claro) para exigir a ambas la máxima eficiencia y los mejores resultados.

h) Orientación a resultados y negocio. Hoy parece que lo público, por serlo, ha de perder dinero y hay que aceptarlo. Todo lo que se gestiona en el sector público (o casi todo) podría ser susceptible de estar bien gestionado y ser un negocio no tan ruinoso como lo es en la actualidad. Hay incluso actividades en las que se podría ganar dinero reduciendo así la necesidad de recaudación impositiva. Esto debería ser un principio básico para la gestión pública.

Podría seguir con unos cuantos principios más, pero creo que la idea está bastante clara. Es evidente que con unas pocas líneas y cuatro principios uno se carga todo el sistema actual de asministración pública, por eso en mi post anterior decía que arreglar el dislate actual no es posible con una evolución sino que requiere una revolución. Es excitante pensar en cómo construir una administración pública realmente eficaz y eficiente, sería casi un caso único en el mundo, una best practice internacional. ¿Porqué nadie se lo plantea?

Mi país ideal (vii) la administración pública

En mi país ideal no pasan cosas como la que me ocurrió a mi hace unos días. Se me llevó el coche la grúa; y no me refiero a que no pase esto, sinceramente creo que la calle no estaba bien señalizada y aparqué convencido de que estaba correctamente estacionado, pero ok, no lo estaba y la grúa hizo su trabajo. Tomé un taxi al depósito pensando en lo difícil que es imaginar que aquello es un servicio público que me prestan con los enormes impuestos que pago… hay que aceptarlo, para sancionar fuertemente a los incívicos (aunque mi coche no molestaba absolutamente a nadie: ni otros coches ni peatones…), blablabla. Pero toda preparación era poca para lo que me encontré allí.

Primero una señora mayor funcionaria, que al llegar a su ventanilla me pidió esperar. Al cabo de 5 minutos le pregunté si tendría la atención de atenderme en algún momento o no, y me contestó malhumorada que estaba terminando alguna tarea absurda que balbuceó y no entendí más que lo necesario para saber que no era nada útil ni urgente. Pagué los 200 euros de rigor y finalmente voy a por mi coche, triste y sólo en aquel sucio depósito… y veo una serie de rayadas sin duda hechas por la grúa. Con actitud aparentemente resignada pero con una incipiente erupción emocional en mi estómago, voy a la taquilla y pido una hoja de reclamación o denuncia. Tras más esperas y llenar un papel grotescamente obsoleto, me dice que espere en mi coche que vendrá ”la jefa” a comentarlo.

“La jefa” era otra señora de mediana edad, evidentemente almorránica y amargada, que tras llegar sin saludar, emitió una gutural onomatopeya que yo interpreto como “enséñeme las rayadas”. Le hago una explicación todo lo amable que puedo (mi coche ayer salió del taller, seguro que no tenía estos golpes, están en la zona de enganche de la grúa…) y tras una fugaz mirada supuestamente experta, hace un garagato en el papel y lo firma. Y mientras me da la copia amarilla me dice lacónicamente: “estas rayadas no pueden ser de la grúa, deben habérselas hecho en la vía pública antes de que la grúa se llevara el coche, así que la reclamación no procede”. Yo, atónito, le pregunto ¿pero es usted périto o algo? Y, molesta de que dudara de su ojo clínico, me espeta “yo tengo la autoridad para decidir si procede o no, y si no le gusta ponga una denuncia a la asociación de consumidores”.

No cuento como acabó la historia; no estoy especialmente orgulloso de que finalmente se produjera mi erupción emocional (bastante más virulenta que la del volcán islandés que el otro día me anuló una serie de vuelos y me obligó a ir conduciendo hasta Holanda…) ni de algunos de los improperios que dediqué a ”la jefa”, por otro lado una pobre desgraciada que se juega el físico cada día ante indignados conductores que han de echar mano de sus largas vidas socializándose para no agredirla físicamente. Obviamente no conseguí más que, si acaso, desfogarme un poco. Con los obscenos impuestos que pago, que sirven también para pagar el sueldo de esa antipática funcionaria, fui un cliente que obtuvo un servicio lleno de desídia, maltrato, injusticia, burla a mi inteligencia, imbecilidad y amargura. Una auténtica delicia. Y cuando volvía en mi coche, tratando de serenarme, iba pensando que  el Ayuntamiento de Barcelona (que me da ese servicio) debe necesitar tantas multas a veces injustas para financiar acciones tan “importantes” (y caras) como la ridícula y mal-amañada consulta pública para las obras de la Diagonal… Esta es la administración pública que tenemos… ¿y que nos merecemos?

Es tan grande el despropósito de las administraciones públicas (locales, autonómicas, estatales y europeas) que no sé muy bien por donde empezar. De hecho, estoy convencido de que es un tema imposible de mejorar con una simple evolución, sino que sólo es posible una revolución (y grande). No creo que en un sólo post pueda resumir todo, así que en este me dedico a ver cómo estamos hoy…

En un ejercicio altamente masoquista y, claramente, sustitutivo de cualquier deporte de alto riesgo, en los últimos meses he leído varios libros sobre la corrupción política y los escándalos (conocidos) de las administraciones. El panorama es desolador y es casi imposible seguir pensando que debe prevalecer la presunción de inocencia y casi todos los trabajadores públicos y políticos son gente de buena fe y sólo unos pocos son corruptos. Porque no son unos pocos, son MUCHOS, MUCHÍSIMOS, ¡MÁS QUE MUCHÍSIMOS!

Toda clase de corruptelas urbanísticas en ayuntamientos (Marbella, Santa Coloma, Palma y Andratx… los casos son incontables). Un historial espectacular en la administración del Estado (de Filesa, GAL… a Gürtel). Casos increíbles en las autonomías (Valencia, Baleares…). Y escándalos que ya ni sorprenden en Europa, donde los diputados cobran primas inverosímiles por presuntos asesores que son familiares suyos y obscenas cantidades (miles de euros mensuales) por material de oficina u otros conceptos ridículos. Curriculums que dan risa (por no llorar) de ministros y altos cargos evidentemente elegidos por el único mérito de fidelidad (o, mejor dicho, de haber chupado los culos adecuados el tiempo suficiente). Un sorprendente rosario inacabable de datos comprobados escandalosos. Un desastre de dimensiones bíblicas.

Pero la mayoría de estas corruptelas son de políticos, que no es exactamente lo mismo que la administración y sus funcionarios. Para saber cómo funciona ésta por dentro no hacen falta libros. En España hay unos 3 millones de funcionarios así que todos tenemos familiares y/o amigos que trabajan en la administración… y que nos cuentan la verdad de lo que allí se cuece. ¿Quién no ha tenido esta conversación con amigos o compañeros de trabajo que explican experiencias de sus parejas, amigos o familiares que trabajan en la administración?

Tasas de absentismo del 20 ó 30% sin complejos; vacaciones más largas que los profesores; imposibilidad de despedir a nadie, aunque ni se presente a trabajar; derroche y malbaratamiento de recursos que nadie recuerda que son públicos (que vienen de las personas que trabajan de verdad); no hace falta que cuente ejemplos porque seguro que cada uno tiene los suyos recogidos en esas conversaciones que todos hemos tenido.

Un enorme engendro regulado por un sistema obsoleto y absurdo, que no da ningún tipo de incentivo a quién trabaja, se esfuerza y obtiene mejores resultados, un vivero de millones de personas que probablemente en general tienen (o tuvieron algún día) buenas intenciones pero que están desmotivadas, no sienten ningún compromiso hacia sus organizaciones y actuan impunemente porque no pueden ser despedidos. Un enorme agujero negro que engulle el dinero que pagamos los que trabajamos con nuestros impuestos y lo desperdicia de mala manera en un marasmo de ineficiencia y penosa productividad.

¿Qué se puede hacer? Como decía, a base de palabras vacías de los mismos partidos políticos que han creado este caos y con buenas intenciones de mejora, muy poco, más bien nada. Por lo menos podemos tratar de definir un modelo de administración pública distinta, mejor, que algún día en el que, por aquellas casualidades de la vida, se pudiera hacer una revolución y empezar desde cero, se podría tratar de implementar. De hecho, ha habido oportunidades previas: cuando en la transición se crearon las comunidades autónomas en España, o cuando se creó la Unión Europea, se podría haber forzado un sistema de la cosa pública distinto. Desgraciadamente se perpetuó un sistema enfermo, aunque no es de extrañar porque lo hicieron los mismos partidos políticos que alimentan este dislate.

Como esta entrada ya es bastante larga, continuaré en la siguiente exponiendo el modelo que me parecería un poco más razonable, aun no siendo experto en el tema. Aunque sospecho que el simple sentido común de nuevo arreglaría muchas cosas…

Mi país ideal (vi) empleo

Sigo con la serie “mi país ideal” para tratar otro tema fundamental: el empleo. Recientemente asistí a una charla muy interesante de una persona vinculada al mundo de las fundaciones y organizaciones benéficas y explicó un modelo que reproduzco (más o menos) a continuación. Viene a decir que la inserción social proviene fundamentalmente de dos factores: las relaciones sociales/familiares y tener empleo:

Tener empleo proporciona no sólo unos ingresos, sino una capacidad automática de contribuir a la sociedad en la que una persona vive, otorga derechos por la cotización que supone en la Seguridad Social y, en resumen, es el mejor y más sólido medio para “afiliarse” a la sociedad. Actualmente nuestro país registra una tasa de paro altísima, más alta que no sólo el resto de países europeos sino incluso de muchos otros del mundo, y sin duda esto pasará (y está pasando) factura en términos de exclusión social de colectivos que se convierten en super vulnerables al no tener empleo y unas relaciones sociales/familiares muy limitadas que tampoco permiten contar con otros apoyos para no ser excluído (por ejemplo, inmigrantes). La pregunta es ¿porqué?

Históricamente los agentes sociales y representantes de los “trabajadores” (sindicatos y otras organizaciones relacionadas con el empleo), así como los políticos y las leyes que aprueban, se han enfocado en defender ”la silla”, es decir, el puesto de trabajo. Creían (y parece que siguen creyendo) que la mejor forma de proteger y defender al trabajador es tratar de mantener su puesto (aferrarle a su silla actual), y las políticas, leyes y acciones van destinadas a ello: se limita la capacidad de las empresas de despedir personal mediante unos costes de indemnización muy altos, se hacen huelgas cuando una empresa grande quiere hacer un expediente de regulación y despedir a gente, se pretende forzar a que las contrataciones sean fijas y no temporales, etc…

Todas estas acciones parecen razonables desde la óptica de proteger al trabajador, si no fuera que probablemente estemos pensando todavía en un trabajador indefenso de hace un par de siglos. La realidad de hoy es que las empresas vienen y van, se deslocalizan, se fusionan; los negocios y su intensidad competitiva evolucionan y cambian a una velocidad enorme, las empresas no pueden planificar a tan largo plazo; y muchos empleados ya no son ”trabajadores” sino más bien profesionales bien formados que deciden dónde quieren trabajar y (excepto quizá en momentos de crisis profundas como la actual, pero incluso así) tienen capacidad de elección. En este contexto, tratar de “obligar” a las empresas a tener una contratación indefinida y con tantas barreras de salida les asusta y, por tanto, en la práctica, lleva a que haya más desempleo.

Ante esta situación que es evidente y ante el clamor de todos los organismos nacionales e internacionales que piden a España que lleve a cabo la tan mencionada reforma laboral, Gobierno y sindicatos siguen inmóviles y usan como excusa que “la solución no es abaratar el despido”. Es obvio que esta medida por sí misma y sin nada más no ayudaría mucho, pero no se trata de eso. Se trata de cambiar la mentalidad y pasar de defender la silla o el puesto de trabajo a defender a quien realmente se debería: al trabajador. Me explico.

Lo que se trataría idealmente es de tener una fuerza laboral lo más preparada posible para hacer frente a la dinámica del mercado. Esto empezaría por la educación: si todos los potenciales trabajadores de un país tuvieran una educación sólida, hablaran inglés (y ya de paso hablaran y escribieran realmente bien su lengua propia), supieran informática, tuvieran una serie de habilidades y hábitos que se necesitan para trabajar y que hoy ni se mencionan en los colegios, se potenciara una formación profesional variada y de nivel, las escuelas y universidades estuvieran más ligadas a la realidad de lo que necesitan las empresas… Si todo esto ocurriera los trabajadores estarían mucho más preparados para trabajar en muchos puestos distintos y tendrían muchos más recursos para encontrar nuevos trabajos si fueran despedidos. Pero esto es sólo el comienzo.

Si en vez de subir los costes de despido se obligara a las empresas a formar mucho más a los trabajadores, formación práctica y útil y no sólo absolutamente enfocada a un puesto y sector específico; si se fomentaran políticas que ayudaran a la movilidad laboral (que alguien de una ciudad o país pudiera más fácilmente trabajar en otra/o); si hubiera instrumentos para cubrir las necesidades puntuales de trabajo (puntas de trabajo, estacionalidades, etc. que las empresas tienen y seguirán teniendo) mucho mejores que los limitados actuales; si la cultura de nuestra sociedad fomentara y apoyara más la iniciativa emprendedora, la proactividad y la responsabilidad, entre otros valores… Podría seguir, pero creo que está bastante claro: si todo esto existiera, no haría tanta falta tratar de aferrarse a los puestos de trabajo porque se estaría fortaleciendo a quién realmente lo necesita, el trabajador, que estaría muchísimo mejor preparado para enfrentarse a un mundo laboral duro y nada fácil, que los políticos (en su mayoría funcionarios) y los sindicatos en su inmovilismo crónico o no entienden o no quieren entender.

En mi país ideal las personas/trabajadores estarían mucho más preparados y serían más independientes, fuertes y flexibles, y podrían protegerse mucho más por sí mismas en vez de depender de paupérrimas prestaciones de desempleo, leyes obsoletas y organizaciones sindicales alejadas de la realidad de un mundo laboral en el que hay cada vez menos obreros y más trabajadores formados y que gestionan conocimiento más que fuerza física.

Sinceramente creo que el mercado laboral funcionaría mucho mejor y habría no sólo mucha más ocupación, sino también más control sobre las empresas por parte de los mismos que trabajan en ellas. Pero debo estar muy equivocado (al igual que todos los países más desarrollados que el nuestro) o debe ser muy difícil de entender todo esto, porque no parece que vayamos en esta dirección, por lo menos por ahora, y así estamos. Pero, como siempre, ¡optimismo! No es tan difícil y entre todos conseguiremos avanzar en la dirección del sentido común.

Mi país ideal (v) educación

Me alegra ver que la serie de entradas “Mi país ideal” es la que está suscitando las primeras reacciones y comentarios que en un blog se agradecen mucho. Realmente es un tema que se lo merece… Pues vamos a continuar, con un tema que probablemente es la base de una sociedad: la educación. ¿Cómo sería la educación en mi país ideal? Es muy difícil explicarlo bien en una entrada corta, pero trataré de exponer algunas de mis ideas fundamentales, inevitablemente acabará siendo parcial e incompleto, espero que se entienda por lo menos un poco lo que quiero decir.

Es bastante simple imaginar qué queremos la inmensa mayoría de nosotros respecto al lugar donde vivimos: un entorno seguro y bonito, oportunidades para desarrollar nuestra vida y profesión, opciones de ocio y diversión, etc. Y entre estas cosas seguro que está el formar parte de una sociedad de ciudadanos honrados y educados, que no solamente sepan cosas sino que tengan unos valores adecuados y actuen de forma proactiva, responsable y decente. La educación debería encargarse de formar personas así. Parece simple.

¿Es responsabilidad de los padres o de las escuelas y universidades? Sin duda, de ambos. Cada uno en su papel. Lo que no entiendo es la excusa habitual de los servicios educativos: vienen a decir que “nosotros damos contenidos y los valores es cosa de los padres”. ¿Porqué? Yo creo que la educación es una mezcla de contenido y valores, y como tal debería ser tratada por padres y escuelas. Esta sería la base de una buena educación en un modelo bastante distinto del actual (por otra parte reconocidamente desastroso, tal y como se constata repetidamente en los lugares en que aparece España en los principales rankings sobre este tema).

Respecto a los padres no voy a entrar demasiado en el tema. Es mucho más personal y además es “circular”: un país que educa bien genera padres mejor capacitados para educar y empieza un círculo virtuoso, en vez del vicioso que se genera si se mal-forma a los futuros padres. Por tanto, vamos al otro lado y pensemos qué debería aportar “la escuela” (y me refiero al conjunto de la educación primaria, secundaria y universitaria).

El objetivo no debería ser llenar la cabeza de contenidos, como parece ahora mismo en la práctica, sino formar (en los muchos años que se tienen para ello, lo que significa una enorme capacidad de influencia en los años más importantes de un ser humano para construir su identidad) ciudadanos que, además de saber cosas -cuantas más mejor pero bien seleccionadas- tengan respuestas maduras a una serie de valores básicos (y uso aqui un modelo fantástico de Luis Huete para seleccionar estos valores claves, mezclándolo con los hábitos de Covey para hacer mi refrito personal):

- Seguridad: todos queremos un entorno estable y seguro pero ante la inmadura respuesta de intentar evitar cualquier riesgo (cosa imposible por otro lado) y querer ser funcionario para tener un sueldo fijo y exigir que alguien (la Administración) me solucione mis problemas, se tendría que formar a personas que quieran ser fuertes y autosuficientes, que se labren su futuro con proactividad y autonomía, que quieran emprender, que sean ambiciosos (una ambición sana) y entiendan que hay que mirar más allá, fijarse objetivos y retos, y luchar constantemente para conseguirlos, decidiendo por sí mismos sin buscar excusas ni dar culpas de sus fracasos a los demás

- Diversión: todos queremos divertirnos y pasarlo bien, pero ante la inmadura respuesta de crear ciudadanos de botellón y pelotazo para ganar dinero fácil, se tendría que formar a personas que sean curiosas, que tengan inquietudes, que se diviertan de forma sana (haciendo locuras a veces de forma espontánea, pero de forma no compulsiva) y que sepan que hacerlo tiene un precio y que se lo han de ganar, además de que se debe priorizar y a veces no se puede simplemente hacer lo que nos gusta o apetece, sino que hay que hacer lo que es necesario

- Singularidad: todos queremos ser únicos, especiales, distintos, pero ante la respuesta inmadura de la arrogancia, la chulería, la dominancia o el maltrato, se tendría que formar a personas respetuosas, que acepten la diversidad porque precisamente nos da espacio a ser distintos, seguras de sí mismas (la inseguridad es la raíz del maltrato, los celos, la intransigencia…), que quieran aprender de los demás, y que sepan que ser únicos y mejores pasa por ser útiles, servir a los demás, contribuir a formar una sociedad mejor, siendo buenas personas y buscando la forma en que todos (uno mismo y los demás) puedan ganar y desarrollarse, es decir, soluciones más sinérgicas que egoístas

- Conexión: todos queremos estar integrados en una sociedad y ser queridos, aceptados, escuchados, pero ante la inmadura respuesta de hacer lo que hacen los demás y seguir todas las modas para ser como todos o integrarse en grupos enfermizos como bandas juveniles, sectas religiosas, etc. se tendría que formar a personas que sean ciudadanos libres pero respetuosos, que se comprometan con su sociedad, que busquen su propio beneficio pero de forma “ecológica” (sostenible porque permiten a los demás hacerlo también), que escuchen y traten de entender a los demás sabiendo que es la mejor forma de ser entendidos, que se relacionen con muchas otras personas con inteligencia emocional, es decir, creando puentes y relaciones sanas y fructíferas

- Independencia e interdependencia: todos queremos desarrollarnos (ser mejores, tener más cosas, poder dar un mejor futuro a nuestros hijos…), pero ante la inmadura respuesta del egoísmo, el aislamiento, ir cada uno a lo suyo, el materialismo exagerado… se tendría que formar a personas que busquen un equilibrio entre tener más cosas (que no necesariamente es malo en mi opinión, ¿o queremos una sociedad de ascetas en las que nadie consume ni crea nada?) y ser mejores personas, busquen su propio beneficio (¡es la base de nuestra economía!) pero entiendan que forman parte de una sociedad a la que (precisamente si quieren su beneficio a largo plazo) han de contribuir a mejorar porque dependemos de los demás, nos guste o no; y que se desarrollen de forma sana y equilibrada u holística: intelectualmente, físicamente (ejercicio, alimentación…), emocionalmente y espiritualmente (que no significa necesariamente religiosamente)

Pueden haber más o menos, pero hay un conjunto de valores fundamentales que la educación ha de desarrollar, junto con unos comportamientos elementales (no violencia, respeto, espontaneidad, diversión, deporte…) y unas “herramientas” (para ser un ciudadano de provecho hoy en día hay que saber inglés -pero bien, no el inglés cutre y macarrónico que practican nuestros escolares tras años de clases mal enfocadas-, informática, comunicación en público, trabajo en equipo, etc…).

Todo esto forma un cocktail del que debería salir un modelo educativo que yo me imagino como una matriz: en un lado están los contenidos (matemáticas, historia, física…) y en el otro lado estos valores, comportamientos y herramientas (no están, por cierto, en una asignatura residual, ridícula y partidista de “ciudadanía” sino a la misma altura que los contenidos). Y en la mezcla de estas dos dimensiones nacería un modelo en el que los contenidos se entremezclan con valores y herramientas, y se aprende (por ejemplo) matemáticas en inglés o historia haciendo trabajos que se tienen que presentar en público (y no sólo ante los otros niños sino ante adultos), o se trabaja de forma específica y concreta los valores y lo que representan en la práctica, etc…. Habría que otorgar y practicar  responsabilidades, dar libertad en la forma de aprender y estudiar, liberar talento y ayudar a descubrir vocaciones (qué niños tienen ganas y posibilidades de ser buenos ingenieros, artistas, abogados, poetas…).

Y, evidentemente, falta una variable clave en todo esto: qué necesita nuestra sociedad, nuestra política, nuestras empresas… de los jóvenes. Hay que ligar de forma íntima y lógica lo que requiere nuestra sociedad con la forma en que se educa a los jóvenes, sin miedos absurdos y anacrónicos de “contaminar las puras escuelas con la maldad empresarial”. Un país fuerte requiere de una economía potente que genere empleo y bienestar, así como de una política y una Administración sana y eficiente, y todo ello empieza en la educación: un país fuerte necesita una capacidad técnica, económica, jurídica, cultural, artística… MUY potente.

Hay muchos más requisitos: una visión a largo plazo de la educación respetada por todos (y no me refiero a “un pacto de estado” hecho por cuatro partidos que luego se lo pasarán por el forro cuando puedan, sino un diseño moderno y óptimo del sistema educativo que se imponga y se exija respetar más allá de los partidos políticos), una formación continua y un enorme grado de exigencia a los profesores (ni un profesor mediocre debería pulular por nuestras escuelas y universidades) compensada lógicamente por un muchísimo mayor reconocimiento social y económico a su labor tan importante, entre muchas otras cosas, pero no quiero alargarme más. 

Formemos a personas sanas, equilibradas, eficientes, divertidas, optimistas, creativas, proactivas, emprendedoras, responsables… y tendremos una sociedad así. Continuemos formando de forma anticuada, mediocre, gris, uniforme, aburrida, desligada de las necesidades reales de la sociedad… cutre y salchichera (que es lo que hacemos hoy, para resumirlo corto y mal), y seguiremos cosechando lo que sembramos.