Una empresa son sus personas. Esta afirmación no descubre nada, o no debería. Quién a estas alturas no entienda (o quiera entender) que el éxito y los resultados de una empresa dependen casi únicamente de sus personas, no tiene un gran futuro como Manager. Las máquinas, el dinero u otros recursos son, cada vez más, commodities que no marcarán la diferencia entre una empresa y otra. Las personas, el conocimiento que poseen y sobretodo su actitud y compromiso, que definen su contribución, son prácticamente la única fuente de ventaja competitiva que tiene una compañía. En la era de la tecnología y el mundo online esto puede parecer una paradoja pero, en mi opinión, es cada vez más cierto.

¿Pero de qué depende la actitud y el compromiso de una persona? En la raíz del compromiso no está el contenido racional; no nos despertamos cada mañana de un salto de la cama porque la presentación llena de números que nuestro jefe nos hizo la semana pasada nos hizo vibrar… Lo que nos mueve son las emociones. Al ser humano y a todas las personas, lo sepan y/o reconozcan o no, les impulsa un motor que se llama emoción. El grado de pasión que sintamos por un proyecto nos lo hará sentir propio, personal, y eso nos llevará a contribuir más y mejor.

Y cuándo sentimos pasión, ¿qué hace despertar estas emociones en nosotros? La relación con otras personas. Sólo otras personas nos emocionan; no lo hacen las máquinas, ni los procesos, sino que son las personas con sus historias y sus propias emociones las que lo consiguen. Porque si hay una cosa contagiosa son las emociones, tanto en positivo como en negativo – por eso es tan peligroso un pesimista, el clásico cenizo porque destruye la moral de muchos otros. Sólo hay dos tipos de personas en la vida: las que nos drenan y destruyen energía o las que nos recargan la batería de energía positiva. Las últimas son las que nos emocionan y hacen nacer la pasión hacia un proyecto o una empresa.

Hasta aquí creo que todos estaremos de acuerdo, es muy de sentido común. Pero entonces, ¿por qué las empresas se empeñan en convertir a las personas en otra cosa? Les visten diferente (“con corbata”), les hacen hablar diferente (siempre con datos y serios)… como si ser “profesional” comportara esconder a la persona que eres, y ser lejano, frío, aburrido… ¿La vida no sería más fácil para todos si el mensaje fuera “sé tú mismo, sé la persona que eres también en el trabajo”?

Pues bien, nosotros creemos en este último mensaje, y por eso siempre decimos que, tras años de trabajar con alguien, muchas veces nos hemos quedado en la parte de arriba del iceberg, hemos tenido una relación profesional y superficial con otra persona, pero no la conocemos de verdad, no sabemos qué le ha llevado a ser como es, qué ha vivido, qué problemas y alegrías personales tiene… en definitiva, quién es de verdad. Y ¿cómo podemos entendernos bien con una persona a la que no conocemos? Hay que bajar a la parte de abajo del iceberg, la grande, donde todo pasa, la que hace que se mueva hacia un lado u otro. Y esto significa tener un interés honesto y sincero por las personas con las que trabajamos, abrirnos y mostrar quién somos nosotros, algo que hará (siempre lo hace) que la otra persona se abra también y nos permita saber quién es.

Y, al hacer esto, algo mágico empieza a suceder. De pronto los asuntos profesionales o de trabajo marchan mejor, todo fluye, se destruyen muchos prejuicios y cosas que siempre habían ido mal (puros malos entendidos casi siempre), y se construyen soluciones a muchos problemas. Para muchos Managers la siguiente afirmación es una chorrada: liderar es una cuestión de energía (positiva). Pero no sabe lo equivocado o ciego que está quién no lo crea. Cuando una empresa promueve y consigue que sus colaboradores trabajen y se relacionen “en la parte de abajo del iceberg” la energía positiva empieza fluir, como un antídoto que empieza a fluir por la sangre de alguien que ha sido envenenado (con el veneno de la seriedad, aburrimiento, superficialidad, negatividad, pesimismo…), y sana el sistema humano que es una organización, consiguiendo al final algo que, eso sí, interesa siempre a los Managers: mejores resultados en sus estados financieros. Y para muestra un botón: Uriach.