Continuo la serie de posts sobre mis líderes de referencia, y a pesar de lo que pueda parecer, continuo con la idea de que este blog sea actual, riguroso y realista… ¿y cómo liga esto con el rey Arturo? os preguntaréis. Pues liga, liga más de lo que parece. Veamos.

Pocas figuras han generado tanta leyenda, literatura, ópera y sueños como el rey Arturo. Es uno de los personajes literarios con más resonancia universal, que personalmente siempre me fascinó desde pequeño, y la pregunta obvia que siempre me hacía es: ¿pudo haber existido realmente o es sólo un mito? En los últimos años distintos hallazgos y avances históricos han permitido verificar con bastante credibilidad y aceptación que Arturo existió, aunque como en muchos otros casos, la realidad da pié a la ficción pero no necesariamente se parece mucho a ésta. Incluso ha habido algunos libros y alguna película que más o menos han tratado de narrar lo que parece que fue la historia real.

El personaje histórico en el que se basan los mitos artúricos fue un tal Lucius Artorius Castus, descendiente de un romano que se instaló en las islas británicas y que empezó un linaje de militares romanos que desempeñaron distintas funciones de defensa de Bretaña frente a las oleadas de invasiones bárbaras que éstas sufrieron igual que Europa. Lucius nació alrededor del 450 dC y ocupó distintas posiciones en el ejército romano destacado en las islas, por lo visto todas ellas con notable competencia puesto que fue ascendido rápida y sucesivamente hasta llegar a tener un papel de liderazgo en la campaña militar que repelió la invasión bárbara desde Hibernia (Irlanda), acción que fue considerada como una gran hazaña épica, puesto que de haber perdido esa agónica guerra probablemente Britannia hubiese sucumbido definitivamente frente a los distintos pueblos bárbaros que la acosaban y el poder romano y la religión cristiana no hubiesen perdurado.

Aurelio era por aquel entonces el Regissimus Britanniarum (regente o máxima autoridad romana en Bretaña) y, antes de morir, adoptó como hijo y designó a Artorius como su sucesor, de forma que así accedió a una posición que más tarde se confundiría con el rey de Bretaña. Y aqui empieza realmente la leyenda de Arturo, y lo que para mi es más relevante: empezó la realidad de uno de los mejores líderes de los que tenemos referencia, porque en mi opinión fue precisamente su perfil y proyecto de liderazgo los que generaron la posterior leyenda.

Arturo se encontró una Bretaña acosada y casi invadida por los bárbaros, pobre, sin apenas poder militar más que los restos de antiguas valerosas legiones romanas, en plena crisis profunda no sólo económica sino de valores e identidad. Y también se encontró a un imperio romano que apenas podía protegerse de las invasiones bárbaras europeas, corrupto, decadente y que abandonó progresivamente su apoyo a las colonias, las islas entre ellas. Sin embargo, Arturo construyó un proyecto claro, simple y atractivo de futuro, y se empeñó en refundar una Bretaña fuerte, segura y próspera.

Durante meses viajó por la isla conociendo los detalles y problemas de su pueblo, y a partir de este diagnóstico realista estableció una nueva capital en Camulodunum (la ciudad fantástica de Camelot en las leyendas, aunque la realidad parece ser bastante menos atractiva puesto que se trataba de un campo militar establecido como base en un punto estratégicamente situado entre los distintos campamentos que fue creando Arturo en las fronteras de Bretaña para defenderse de los bárbaros, muy práctico pero por lo visto no muy bonito). Y desde allí trabajó incansablemente para reestablecer el orden, la paz, las infrastructuras y el comercio en la isla.

Su gran destreza militar lo llevó a grandes victorias sobre los distintos pueblos bárbaros que desde el norte, las otras islas e incluso el continente pretendían invadir Britannia. Y para ello se valió de una potente estructura de caballería que creó (y que se convirtió en la legendaria orden de caballeros de la mesa redonda en los mitos) y desarrolló hasta convertirla en una fuerza militar temida y respetada. Y, por cierto, también hay evidencias de que se apoyó mucho en un asesor-sabio-vidente que dió pie al mito del mago Merlín.

Por lo visto su primera esposa (Leonor de Gwent) no le puso las cosas fáciles, era una fuente de problemas constantes para Arturo y, aunque no está claro, incluso parece que finalmente le pudo abandonar por otro caballero (dando pié al mito artúrico del adulterio). Sin embargo, Arturo era una persona religiosa y fiel, que no quiso romper su vínculo matrimonial hasta que ella lo hizo, y más tarde Arturo se volvió a casar con Ginebra, probablemente también descendiente de una familia romana instalada en Bretaña. Y parece que el enlace con Ginebra prácticamente coincidió con la proclamación de Arturo como Imperator, un título en principio honorífico pero que según parece Arturo intentó usar para construir un nuevo orden político que otorgara una autonomía de Britannia respecto al ya casi desaparecido imperio romano de Occidente.

A la vista de la evolución que siguieron las antiguas regiones romanas tras las invasiones bárbaras y el desmembramiento del imperio, convirtiéndose en el origen de la mayoría de países europeos actuales, probablemente Arturo era un visionario y esta ambición tenía mucho sentido, pero no fue bien recibida por algunos de sus contemporáneos, y tuvo una fuerte oposición, la principal personalizada en un tal Lancearius Medrautus (el perverso Mordred de las leyendas), un noble descendiente de una rama familiar de Aurelio y con unas ambiciones de suceder a Arturo que con este nuevo giro que dieron las cosas quedaban muy limitadas. Medrautus reunió a un poderoso ejército al que incorporó distintos enemigos de Arturo (irlandeses, anglos, escoceses…) y se enfrentó abiertamente a él, y parece que en una batalla cerca de Cambloganna ambos murieron.

Tras Arturo nadie fue capaz de vertebrar un fuerza política y militar sólida y Britannia acabó sucumbiendo en una edad oscura de invasiones bárbaras y caos. Lo cual, sin duda, fue un buen caldo de cultivo para hacer crecer la leyenda de Arturo y del tiempo pasado que él consiguió que fuera seguro, estable y próspero, y que muchos esperaban poder volver a vivir algún día. Y, como ocurre siempre, con el tiempo las buenas historias se van magnificando, exagerando y modificando, hasta convertirse en leyendas y mitos que en este caso han perdurado.

Para mi, es muy significativo e interesante que Arturo tuviera lo que podríamos llamar un perfil de liderazgo excelente (usando mi modelo L.I.D.E.R. tenía una visión y un proyecto claro a corto y largo plazo, una gran capacidad de inspirar y aglutinar al pueblo en este proyecto, siendo cercano y respetado, una enorme destreza militar y capacidad como gobernante, una gran disciplina y pasión en la ejecución del plan y consiguiendo además resultados tangibles y era un referente y un ejemplo a seguir en muchos aspectos y en los valores que promulgaba y defendía, según todos los indicios), y que por todo ello se haya convertido en una leyenda eterna y universal, lo cual dice mucho de la importancia del buen liderazgo en cualquier tiempo y sociedad.