Con esta entrada empieza una serie que tratará de explicar cómo entiendo yo que debería ser un país desde el punto de vista de liderazgo, es decir, qué deberían ser capaces de hacer sus líderes políticos para ser dignos de la confianza que su pueblo les ha concedido al votarles como sus representantes.

No sé si seré capaz, ya que la tentación es demasiado fuerte, pero trataré de ahorrarme la crítica a los políticos actuales de nuestro entorno con ejemplos y nombres concretos. Creo que la crítica más feroz es la que constituye el hecho de explicar en positivo lo que deberían hacer y que cada uno juzgue si en este momento nuestros representantes están a la altura o no de esta expectativa.

Empezaré por la última de las columnas del modelo L.I.D.E.R. (la R), para entender que lo primero que tendrían que conseguir los líderes políticos es constituir un referente para los ciudadanos del país.

Un político debería dar ejemplo de muchas cosas. En primer lugar, de servicio, puesto que la única motivación para dedicarse a la política debe ser la firme voluntad de servir a los demás y contribuir a la mejora colectiva de la sociedad de la que forma parte la persona y el ciudadano que también es el político. Desde esta perspectiva, no es muy entendible la carrera del “político profesional”, el que empieza en un partido bien jovencito y vive toda su vida de ello. Al fin y al cabo, ¿cómo podrá representar bien al pueblo si nunca ha vivido en sus circunstancias? La política no debería ser un modo de vida, y menos si lo es para gente mediocre que ve difícil tener éxito en la “vida real” y se refugia en la política. Y tampoco, por cierto, debería ser un paso más en la persecución del poder y la influencia, y menos aun el enriquecimiento personal, otra de las pautas que siguen ciertos políticos.

El político también debería constituir un referente de los valores fundamentales sobre los cuales se debería construir toda sociedad: buenas intenciones (ser constructivo), humildad, transparencia, competencia (entendido como ser competente), sinceridad, ambición, respeto, optimismo, buena educación (buenas maneras), energía… Ir imaginando a los políticos actuales en este papel se me está haciendo tan difícil que prefiero no continuar la lista…

En definitiva, la R del modelo L.I.D.E.R. explica que todo lider debe ser un ejemplo a seguir, como dicen en inglés ha de “caminar el discurso” (walk the talk) y hacer lo que dice. Ha constituir un referente de los valores de la sociedad a la que aspira a representar, ser un faro que guie a todos los ciudadanos; una persona respetada y admirada que, más allá de la afinidad en las ideas políticas concretas, sea un espejo en el que a todos los miembros de una sociedad les gustaría reflejarse.

Conforme escribo tengo la inquietante sensación de estar plasmando una especie de utopía que provoca una inevitable sonrisa entre cínica y compasiva, del que piensa “pobre incauto…”. Esto debería ser el ABC de la política, la base incuestionable de lo que debe ser un líder político. Obviamente no empieza muy bien este análisis del país ideal, porque a mi me gustaría vivir en un país en el que los líderes cumplieran estas condiciones… ¡para empezar! En entradas siguientes se desarrollarán otras muchas condiciones que deberían cumplir también: competencia técnica (y no me refiero a aspectos de perogrullo como hablar inglés, sino a ser realmente muy competentes en su área de gestión), capacidad de definir un proyecto de futuro ambicioso y atractivo a la vez que claro, comunicación y capacidad de inspirar, desarrollar planes de acción concretos y realizar un seguimiento disciplinado de ellos, y un largo etcétera…