En la entrada anterior de esta serie (“Mi país ideal”) me refería a la necesaria cualidad de los líderes políticos para constituir un referente o ejemplo en muchos campos. En esta entrada empiezo a tratar lo que debería hacer (además que ser) un político.

Cuando uno piensa en un líder, lo primero que se le ocurre es pensar qué pretende hacer, hacia donde pretende conducirnos. Liderar es conducir hacia algún lado, así que si uno pretende liderar debe ser capaz de definir en primer lugar hacia donde va.

Ser “socialista”, “conservador” o “catalanista” no es, por supuesto, ningún rumbo concreto. No cuela. Un proyecto ha de ser claro y concreto, todos lo han de poder entender, ha de ser detallado aunque cuente con un “eslogan” o etiqueta para resumirlo.

Y tampoco cuelan los programas electorales de los partidos políticos actuales, que si uno tiene la paciencia de leer, son documentos realizados por asesores de marketing de centenares de páginas (literalmente), llenos de frases grandilocuentes y buenas intenciones, que consiguen alentar ilusiones… para luego caer desde más alto cuando uno ve lo que hacen en la realidad diaria los que predican todo eso.

Me gustaría vivir en un país en el que hubiera unas ideas claras sobre qué somos, dónde queremos llegar y cómo lo haremos para ir allí, es decir, lo que se suele llamar un plan estratégico que define misión, visión y estrategia.

Es cierto que no hay demasiados países que tengan estas ideas muy claras, pero viajando por el mundo de pronto te encuentras alguno y es impactante. Por ejemplo, Chile. En la actualidad es un país relativamente pequeño que tiene las ideas muy claras: pretende ser el país más estable de Sudamérica para constituir la plataforma perfecta para empresas extranjeras que quieran establecerse y desarrollarse en el continente. Hablando con personas de todo tipo (abogados, auditores, bancos, consultores, funcionarios…) uno encuentra una historia común y consistente, que todos tienen muy bien aprendida. Y esta visión provoca un alineamiento en todo aquello que puede ayudar a conseguirla: para llegar a ser lo que pretenden ser necesitan una Administración pública transparente y rápida, que genere confianza; trámites de establecimiento fáciles o subvenciones cuantiosas para la inversión extranjera, entre muchas otras cosas… que tienen. La sensación de proyecto común y compartido da mucha coherencia y atractivo al país cuando uno lo conoce como posible inversor extranjero, que es justo lo que buscan.

Es sólo un ejemplo, pero lo importante es el concepto. Un país ha de saber qué es, qué aporta al mundo, qué le diferencia de los demás; también ha de tener claro qué pretende conseguir, hacia donde se dirige y cómo llegará allí. Y todo ello ha de ser conocido por todos y aceptado de forma tranversal, sin variar sustancialmente sea cual sea el partido de turno en el gobierno.

Me gustaría saber cuál es el proyecto de Catalunya o de España, por poner dos ejemplos cercanos. ¿Existe una idea clara de qué aportan al mundo y qué nos diferencia de otros países? ¿Todos sus ciudadanos saben hacia donde se dirigen, qué quieren ser, qué sectores económicos quieren priorizar, qué valores caracterizan su sociedad…? ¿Existe un plan concreto y compartido de cómo se saldrá de la aguda crisis en la que andamos metidos y hacia dónde evolucionará nuestra economía? ¿Queremos ser la Florida europea como polo de atracción turística, o un país industrial, o innovativo, o…? ¿Y qué no queremos ser?

Y estas preguntas (y muchas más) sólo son la base, el principio. De ellas se han de desprender un conjunto de respuestas detalladas que deberían ser explicadas constantemente por parte de los dirigentes, tratando de alinear todos los esfuerzos en todos los ámbitos (empresarial, político, social, educacional…) de forma coherente hacia estos objetivos.

Ir en un barco que no sigue un rumbo claro resulta inquietante, y esto es exactamente lo que ocurre en la mayoría de países. ¿Realmente es tan difícil tener unas pocas ideas claras sobre qué somos y qué queremos ser? Claro que, pensándolo bien, ¿cuántas personas tienen más o menos claro qué son y qué pretenden hacer con su vida más allá de los tópicos y planes-prototipo?