En la serie de entradas “mi país ideal” iba a hablar de otro tema, pero se me ha cruzado algo que no tiene desperdicio y que he de comentar. He usado la frase tan catalana (y de un anuncio muy de moda ahora de una cerveza que recupera un eslogan afortunado de años atrás) porque está muy relacionado con la forma en que hacemos las cosas en nuestro entorno. El tema nace con el Estudio de Competitividad Global que lleva a cabo el World Economic Forum.

Desde hace ya unos años, el Foro Economico de Davos realiza probablemente el mejor y más completo estudio de competitividad global en el que mide más de 100 variables o factores de competitividad de más de130 países del mundo. Recientemente se publicó el estudio 2009-2010, y me parece relevante comentarlo tras haberlo analizado con cierto detalle.

España aparece en el ranking general en el puesto 33, habiendo perdido 3 posiciones respecto al estudio anterior (2008-2009). Esto sólo ya choca, puesto que por tamaño del mercado España es una de las 10 ó 12 primeras economías mundiales. Pero no es nada comparado con lo que se aprecia rascando un poco debajo de la superficie.

A continuación relaciono como ejemplos algunos de los factores evaluados, indicando la posición en la que figura España en el ranking de ese factor en particular y los compañeros de viaje que acompañan a España en los puestos inmediatamente inferiores o superiores (y no se trata de una broma: todo es rigurosamente cierto, consultable en la página web del WEF):

– Confianza en los políticos: 50 (Indonesia, Estonia, Montenegro…)

– Independencia del poder judicial: 60 (Nigeria, Líbia, Azerbayan…)

– Carga derivada de la regulación pública: 105 (Vietnam, Burundi, Camerún…)

– Déficit público: 99 (Grecia -ay ay…-, Namíbia, Mauritania…)

– Deuda pública: 85 (Nepal, Lesotho, Panamá…)

– Calidad de la educación primaria: 72 (Benin, Colombia, Arabia Saudí, Puerto Rico…)

– Calidad de la educación secundaria: 78 (Ghana, Etiopía, Rumanía… hay que señalar sin embargo que en el factor calidad de las escuelas de management España ocupa un meritorio 6º lugar en el ranking, lo cual es un auténtico alivio para los que hemos estudiado en ellas, todo hay que decirlo…)

– Calidad de la enseñanza superior de ciencia y matemáticas: 99 (Nigeria, República Kyrgyz, Malaui…)

– Training del staff educativo (profesores): 73 (Albania, Botswana…)

– Nº de procedimientos y tiempo para crear una empresa: 108 (Timor, Mozambique, Trinidad Tobago, Guyana…)

– Prácticas de contratación y despido, rigidez mercado laboral: 122 (Tanzania, Mali, Senegal, Paraguay…)

– Integración femenina al mercado laboral: 81 (Zambia, Zimbawe, Jamaica…)

– Absorción de nuevas tecnologías: 49 (Egipto, Guatemala, Chipre…)

– Voluntad de delegar autoridad por parte de los directivos: 47 (El Salvador, Sri Lanka, Gambia, Omán…)

No voy a continuar, que luego nos acusan a los que trabajamos en el sector farmacéutico de provocar enfermedades (en este caso depresiones) para vender más medicamentos. De todas formas la conclusión está clara: ¡nos movemos entre la élite!

En los últimos meses intento hacer un fuerte ejercicio de empatía y ponerme en el lugar de un alemán o un holandés (la matriz de la empresa en la que trabajo está en este último país). Llevan años contribuyendo con ingentes cantidades al fondo de desarrollo europeo viendo como España crecía y crecía… para descubrir de pronto que no habían invertido todo este dinero en los pilares de una economía fuerte y sostenible (innovación, educación, etc.), sino en una fiesta (¿orgía?) constructiva que de pronto ha terminado en seco y tras ella sólo queda casi un 20% de paro y un lastre económico para toda la zona euro. ¿Qué deben pensar de nosotros nuestros colegas del norte?

Un país no se construye a base de pelotazos inmobiliarios y turismo de bajo nivel, millones de funcionarios y constructores con Porsche Cayenne. Un país serio (“ideal”) requiere de unas bases sólidas, un proyecto de futuro claro, una conciencia de las ventajas e inconvenientes, un enfoque hacia ciertas actividades y un fuerte alineamiento de todas las actividades hacia éstas, empezando por la educación (la base de la cultura de un país), la administración pública, la tecnología, los servicios, etc. Y un país serio también requiere de unos líderes fuertes y competentes que guíen y controlen el paso, sin llevar a cabo medidas deficitarias ni debates estériles partidistas, sino con una auténtica vocación de servicio. Y, también, de unos ciudadanos comprometidos, responsables, creativos, emprendedores, trabajadores, con una cultura de esfuerzo (o una cultura almenos, de cualquier clase…).

Viendo el estudio de competitividad del WEF lo que uno se pregunta cándidamente es ¿y cómo demonios saldremos de ésta? Aunque luego, tras el pesimismo inicial, yo me tranquilizo: en el fondo no es tan difícil… o no debería serlo para unos líderes mínimamente preparados y un país con ganas de tirar adelante. Se trata de ideas claras, proyecto y liderazgo, y de unos hábitos adecuados para hacer bien las cosas, con mucho sentido común. Con esto sólo creo que ya llegaríamos bastante más lejos, ¿no?