Me alegra ver que la serie de entradas “Mi país ideal” es la que está suscitando las primeras reacciones y comentarios que en un blog se agradecen mucho. Realmente es un tema que se lo merece… Pues vamos a continuar, con un tema que probablemente es la base de una sociedad: la educación. ¿Cómo sería la educación en mi país ideal? Es muy difícil explicarlo bien en una entrada corta, pero trataré de exponer algunas de mis ideas fundamentales, inevitablemente acabará siendo parcial e incompleto, espero que se entienda por lo menos un poco lo que quiero decir.

Es bastante simple imaginar qué queremos la inmensa mayoría de nosotros respecto al lugar donde vivimos: un entorno seguro y bonito, oportunidades para desarrollar nuestra vida y profesión, opciones de ocio y diversión, etc. Y entre estas cosas seguro que está el formar parte de una sociedad de ciudadanos honrados y educados, que no solamente sepan cosas sino que tengan unos valores adecuados y actuen de forma proactiva, responsable y decente. La educación debería encargarse de formar personas así. Parece simple.

¿Es responsabilidad de los padres o de las escuelas y universidades? Sin duda, de ambos. Cada uno en su papel. Lo que no entiendo es la excusa habitual de los servicios educativos: vienen a decir que “nosotros damos contenidos y los valores es cosa de los padres”. ¿Porqué? Yo creo que la educación es una mezcla de contenido y valores, y como tal debería ser tratada por padres y escuelas. Esta sería la base de una buena educación en un modelo bastante distinto del actual (por otra parte reconocidamente desastroso, tal y como se constata repetidamente en los lugares en que aparece España en los principales rankings sobre este tema).

Respecto a los padres no voy a entrar demasiado en el tema. Es mucho más personal y además es “circular”: un país que educa bien genera padres mejor capacitados para educar y empieza un círculo virtuoso, en vez del vicioso que se genera si se mal-forma a los futuros padres. Por tanto, vamos al otro lado y pensemos qué debería aportar “la escuela” (y me refiero al conjunto de la educación primaria, secundaria y universitaria).

El objetivo no debería ser llenar la cabeza de contenidos, como parece ahora mismo en la práctica, sino formar (en los muchos años que se tienen para ello, lo que significa una enorme capacidad de influencia en los años más importantes de un ser humano para construir su identidad) ciudadanos que, además de saber cosas -cuantas más mejor pero bien seleccionadas- tengan respuestas maduras a una serie de valores básicos (y uso aqui un modelo fantástico de Luis Huete para seleccionar estos valores claves, mezclándolo con los hábitos de Covey para hacer mi refrito personal):

– Seguridad: todos queremos un entorno estable y seguro pero ante la inmadura respuesta de intentar evitar cualquier riesgo (cosa imposible por otro lado) y querer ser funcionario para tener un sueldo fijo y exigir que alguien (la Administración) me solucione mis problemas, se tendría que formar a personas que quieran ser fuertes y autosuficientes, que se labren su futuro con proactividad y autonomía, que quieran emprender, que sean ambiciosos (una ambición sana) y entiendan que hay que mirar más allá, fijarse objetivos y retos, y luchar constantemente para conseguirlos, decidiendo por sí mismos sin buscar excusas ni dar culpas de sus fracasos a los demás

– Diversión: todos queremos divertirnos y pasarlo bien, pero ante la inmadura respuesta de crear ciudadanos de botellón y pelotazo para ganar dinero fácil, se tendría que formar a personas que sean curiosas, que tengan inquietudes, que se diviertan de forma sana (haciendo locuras a veces de forma espontánea, pero de forma no compulsiva) y que sepan que hacerlo tiene un precio y que se lo han de ganar, además de que se debe priorizar y a veces no se puede simplemente hacer lo que nos gusta o apetece, sino que hay que hacer lo que es necesario

– Singularidad: todos queremos ser únicos, especiales, distintos, pero ante la respuesta inmadura de la arrogancia, la chulería, la dominancia o el maltrato, se tendría que formar a personas respetuosas, que acepten la diversidad porque precisamente nos da espacio a ser distintos, seguras de sí mismas (la inseguridad es la raíz del maltrato, los celos, la intransigencia…), que quieran aprender de los demás, y que sepan que ser únicos y mejores pasa por ser útiles, servir a los demás, contribuir a formar una sociedad mejor, siendo buenas personas y buscando la forma en que todos (uno mismo y los demás) puedan ganar y desarrollarse, es decir, soluciones más sinérgicas que egoístas

– Conexión: todos queremos estar integrados en una sociedad y ser queridos, aceptados, escuchados, pero ante la inmadura respuesta de hacer lo que hacen los demás y seguir todas las modas para ser como todos o integrarse en grupos enfermizos como bandas juveniles, sectas religiosas, etc. se tendría que formar a personas que sean ciudadanos libres pero respetuosos, que se comprometan con su sociedad, que busquen su propio beneficio pero de forma “ecológica” (sostenible porque permiten a los demás hacerlo también), que escuchen y traten de entender a los demás sabiendo que es la mejor forma de ser entendidos, que se relacionen con muchas otras personas con inteligencia emocional, es decir, creando puentes y relaciones sanas y fructíferas

– Independencia e interdependencia: todos queremos desarrollarnos (ser mejores, tener más cosas, poder dar un mejor futuro a nuestros hijos…), pero ante la inmadura respuesta del egoísmo, el aislamiento, ir cada uno a lo suyo, el materialismo exagerado… se tendría que formar a personas que busquen un equilibrio entre tener más cosas (que no necesariamente es malo en mi opinión, ¿o queremos una sociedad de ascetas en las que nadie consume ni crea nada?) y ser mejores personas, busquen su propio beneficio (¡es la base de nuestra economía!) pero entiendan que forman parte de una sociedad a la que (precisamente si quieren su beneficio a largo plazo) han de contribuir a mejorar porque dependemos de los demás, nos guste o no; y que se desarrollen de forma sana y equilibrada u holística: intelectualmente, físicamente (ejercicio, alimentación…), emocionalmente y espiritualmente (que no significa necesariamente religiosamente)

Pueden haber más o menos, pero hay un conjunto de valores fundamentales que la educación ha de desarrollar, junto con unos comportamientos elementales (no violencia, respeto, espontaneidad, diversión, deporte…) y unas “herramientas” (para ser un ciudadano de provecho hoy en día hay que saber inglés -pero bien, no el inglés cutre y macarrónico que practican nuestros escolares tras años de clases mal enfocadas-, informática, comunicación en público, trabajo en equipo, etc…).

Todo esto forma un cocktail del que debería salir un modelo educativo que yo me imagino como una matriz: en un lado están los contenidos (matemáticas, historia, física…) y en el otro lado estos valores, comportamientos y herramientas (no están, por cierto, en una asignatura residual, ridícula y partidista de “ciudadanía” sino a la misma altura que los contenidos). Y en la mezcla de estas dos dimensiones nacería un modelo en el que los contenidos se entremezclan con valores y herramientas, y se aprende (por ejemplo) matemáticas en inglés o historia haciendo trabajos que se tienen que presentar en público (y no sólo ante los otros niños sino ante adultos), o se trabaja de forma específica y concreta los valores y lo que representan en la práctica, etc…. Habría que otorgar y practicar  responsabilidades, dar libertad en la forma de aprender y estudiar, liberar talento y ayudar a descubrir vocaciones (qué niños tienen ganas y posibilidades de ser buenos ingenieros, artistas, abogados, poetas…).

Y, evidentemente, falta una variable clave en todo esto: qué necesita nuestra sociedad, nuestra política, nuestras empresas… de los jóvenes. Hay que ligar de forma íntima y lógica lo que requiere nuestra sociedad con la forma en que se educa a los jóvenes, sin miedos absurdos y anacrónicos de “contaminar las puras escuelas con la maldad empresarial”. Un país fuerte requiere de una economía potente que genere empleo y bienestar, así como de una política y una Administración sana y eficiente, y todo ello empieza en la educación: un país fuerte necesita una capacidad técnica, económica, jurídica, cultural, artística… MUY potente.

Hay muchos más requisitos: una visión a largo plazo de la educación respetada por todos (y no me refiero a “un pacto de estado” hecho por cuatro partidos que luego se lo pasarán por el forro cuando puedan, sino un diseño moderno y óptimo del sistema educativo que se imponga y se exija respetar más allá de los partidos políticos), una formación continua y un enorme grado de exigencia a los profesores (ni un profesor mediocre debería pulular por nuestras escuelas y universidades) compensada lógicamente por un muchísimo mayor reconocimiento social y económico a su labor tan importante, entre muchas otras cosas, pero no quiero alargarme más.

Formemos a personas sanas, equilibradas, eficientes, divertidas, optimistas, creativas, proactivas, emprendedoras, responsables… y tendremos una sociedad así. Continuemos formando de forma anticuada, mediocre, gris, uniforme, aburrida, desligada de las necesidades reales de la sociedad… cutre y salchichera (que es lo que hacemos hoy, para resumirlo corto y mal), y seguiremos cosechando lo que sembramos.