Sigo con la última entrada sobre la administración pública y el modelo que debería o podría seguir. En primer lugar he de reflejar un comentario que me hicieron sobre el último post. En él se habla de políticos y funcionarios, y no muy bien en términos generales, y un amigo me comentó que hay funcionarios que, en medio de un entorno ciertamente ineficiente y politizado que no ayuda nada a conseguir resultados destacables, luchan contra todo ello y consiguen cosas extraordinarias con un mérito que se debería reconocer. Tiene toda la razón, yo mismo conozco algunos de ellos, incluyendo personas cercanas e incluso familiares. Por tanto es necesario decir que las generalizaciones son siempre peligrosas y precisamente sobre algunos de estos funcionarios habría que construir un modelo diferente de administración. ¿Y cómo debería ser esta administración? Pues es un tema demasiado complejo como para ventilarlo en un post, pero desde luego sí se pueden trazar unas líneas clave que deberían marcar el camino:

a) Simplicidad. Hoy nos encontramos con administraciones locales (ayuntamientos), regionales (diputaciones -por cierto, ¿alguien me puede explicar de qué sirven en realidad, en la práctica?-, ahora se están discutiendo las vagueries que se añadirían a las ya existentes), autonómicas (CCAA), nacionales… entre otras. Y en esta maraña de distintos niveles se pierde cualquier claridad. ¿Por qué no podría haber sólo 2 niveles, una administración central y una local próxima al ciudadano para atenderle y proporcionarle todos los servicios necesarios?

b) Proximidad. La administración existe para dos funciones básicas: gobernar y atender al ciudadano dándole una serie de servicios (que podríamos discutir si son muchos o pocos). Para esta segunda función, como saben perfectamente todas las empresas de servicios, la clave es la proximidad. Si quieres atender bien a un cliente (y la administración debería no olvidar nunca que el ciudadano es su cliente) tienes que conocerlo y estar cerca de él, descubriendo sus necesidades reales para cubrirlas de la mejor forma posible, mejor que la competencia (si existiera… aunque podría existir en el sector privado) para que ese cliente te elija a tí. Por esto, la administración local debería ser mucho más relevante, siendo la que vehiculizara la mayoría de servicios que se prestan al ciudadano y ejerciendo de interlocutor con él. Sé que de la forma en que funcionan la mayoría de ayuntamientos hoy en día esto parece una locura, pero hablo en teoría…

c) Mínima centralización pero sólida. Para homogeneizar y controlar la actuación de estas administraciones locales/próximas potentes, debería haber una administración central reducida, pero muy potente, un verdadero equipo de gestores que guían y controlan a la vez la actuación de los locales, orientándoles cuando fuera necesario, dándoles soportes y algunos servicios centrales que por eficiencia conviene no localizar, etc. Este núcleo tendría que ser la estructura que sostiene el edificio.

d) Profesionalidad. La administración pública es muy compleja, gestiona enormes recursos y requiere de la máxima profesionalidad dada la altísima responsabilidad que supone estar gestionando el dinero que se obtiene de los impuestos que son dinero que se “saca” de los trabajadores a los que les cuesta mucho esfuerzo ganarlo. Los gestores públicos deberían ser profesionales solventes y contrastados, en cada puesto según la necesidad, pero con experiencia y capacidad suficientemente demostrada. Para ello el modelo entero de funcionariado debería cambiar, convirtiéndose en una carrera profesional atractiva no por ser un trabajo seguro sino retador y bien remunerado, pero super exigente y controlado, igual o más que cualquier empresa privada. Y desde luego ello significa que al funcionario se le pueda despedir cuando no tiene la aptitud o actitud necesaria, sólo faltaría.

e) Orientación al servicio a cliente. La cultura que debería impregnar la administración debería ser la de orientación al cliente (el ciudadano), con todo lo que ello significa: como decía antes conocerle, estar próximo a él, enfocar los recursos a cubrir sus necesidades reales, darle un servicio óptimo, comunicarse de forma transparente y fácil (“ventanilla única”, uso intensivo de los recursos que permite la red, etc.).

f) Máxima honestidad y control. La administración pública debería ser un ejemplo de muchas cosas: eficiencia, eficacia, exigencia… pero también, y sobre todo, de honestidad, rigor, disciplina y control. Con el dinero del contribuyente no se puede jugar, y debería existir la máxima garantía de que quienes lo gestionan lo hacen de la forma más ética y racional posible, y además existe un control exhaustivo y castigos ejemplares para quien no lo haga así. Además debería haber la obligación de rendir cuentas de forma regular, abierta y transparente, y no a los políticos sino a los ciudadanos, claro.

g) Mínimo intervencionismo. La administración no debe ser omnipresente ni meterse en todo, al revés. Siempre que una iniciativa privada pueda/quiera cubrir alguno de los servicios que presta la administración debería hacerlo, y se debería fomentar la competencia privada y píblica (pero entonces esta última compitiendo en igualdad de condiciones, claro) para exigir a ambas la máxima eficiencia y los mejores resultados.

h) Orientación a resultados y negocio. Hoy parece que lo público, por serlo, ha de perder dinero y hay que aceptarlo. Todo lo que se gestiona en el sector público (o casi todo) podría ser susceptible de estar bien gestionado y ser un negocio no tan ruinoso como lo es en la actualidad. Hay incluso actividades en las que se podría ganar dinero reduciendo así la necesidad de recaudación impositiva. Esto debería ser un principio básico para la gestión pública.

Podría seguir con unos cuantos principios más, pero creo que la idea está bastante clara. Es evidente que con unas pocas líneas y cuatro principios uno se carga todo el sistema actual de asministración pública, por eso en mi post anterior decía que arreglar el dislate actual no es posible con una evolución sino que requiere una revolución. Es excitante pensar en cómo construir una administración pública realmente eficaz y eficiente, sería casi un caso único en el mundo, una best practice internacional. ¿Porqué nadie se lo plantea?